Venezuela al Mercosur: la inconstitucionalidad de las relaciones de fuerza

10.08.12

Venezuela al Mercosur: la inconstitucionalidad de las relaciones de fuerza

Venezuela ya es miembro pleno del Mercosur. La paradoja paraguaya y los interrogantes del nuevo rumbo. ¿Derrumbe o renacimiento?

Finalmente, la Venezuela de Hugo Chávez se ha convertido en un nuevo miembro pleno del Mercosur, sumándose a Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay. La llegada al Mercosur, luego de un largo tiempo de espera, se consumó como producto del Golpe y destitución de Fernando Lugo en Paraguay, país donde desde hace varios años el conservador Senado rechazaba la aprobación formal del ingreso.

El ingreso del país caribeño al Mercosur tiene una historia que está en relación con los acontecimientos regionales de los últimos años, que marcaron una tendencia a la construcción de instancias de integración regionales que contrapesaron la influencia que Estados Unidos había adquirido en la región en la década anterior.

El gobierno de Hugo Chávez había pedido la entrada al bloque en el mes de octubre de 2005, en el marco de la Cumbre Iberoamericana en la que tuvo el recordado cruce con el rey Juan Carlos de España, y poco antes de la IV Cumbre de las Américas de Mar del Plata, donde se frenara el Alca. Fue en el contexto de armonía política entre los países del Mercosur y Venezuela, construida para derrotar el proyecto que empujaba Estados Unidos, que se gestó el ingreso. Así, en la cumbre del Mercosur que se realizó en Córdoba, en julio de 2006 –con la presencia del líder cubano Fidel Castro como invitado especial, antes de enfermarse–, el bloque inició los procesos administrativos y formales para incorporar a Venezuela.

El principal de estos procesos era que cada uno de cuatro socios fundadores le diera trato parlamentario. Argentina y Uruguay lo hicieron rápidamente, mientras que se mantuvo frenado en los legislativos de Brasil y Paraguay, especialmente en los Senados, a raíz de las presiones ejercidas por las corporaciones empresarias de ambos países.

Recién fine de 2009, el Senado brasileño, en una votación ajustada, aprobó el ingreso. Por el contrario, el Senado paraguayo nunca lo hizo y hasta el Golpe y destitución de Fernando Lugo parecía una posibilidad muy lejana. Ahora, tras la reciente suspensión del país guaraní del bloque, debido a la ruptura de la continuidad democrática en aquel país, el país bolivariano logró sumarse como el quinto miembro en una rápida movida del resto de los socios, particularmente de Argentina y Brasil. 

Esta situación despertó no pocas suspicacias en las prensas y fuerzas opositoras en cada país. Tanto que se ha calificado el acontecimiento como “viciado”, “ilegítimo”, “ilegal”, “polémico”, entre otros términos peyorativos. El más elocuente de estos comentarios se leyó en el reaccionario diario ABC de Asunción, desde donde se aseguró que se trató de la “la expresión más fehaciente de los recursos antijurídicos y violentos de los que se sirve la izquierda antidemocrática para imponer su visión de las cosas”, concluyendo que en el Mercosur “impera la ley de la selva”.

Lo cierto es que si nos abstraemos de las consideraciones institucionales y nos concentramos en el estricto juego de fuerzas políticas a nivel local, regional e incluso mundial, todo tiene su lógica. Los presidentes de Uruguay, Brasil y Argentina repudiaron y rechazaron la destitución del ahora ex mandatario paraguayo Fernando Lugo, por violar los procedimientos constitucionales. En esta inconstitucionalidad, que de inmediato fue sospechada de irreversible, encontraron el hueco para incorporar a Venezuela al Mercosur, aunque se los acusara de recaer en los mismos procedimientos que criticaban. Al fin y al cabo, ¿no era tanto injustificado como ilegítimo que por decisión del minoritario y conservador Senado del Paraguay se inhibiera a Venezuela de formar parte del bloque comercial? En uno y otro caso, la relación de fuerzas se impuso a la pulcra institucionalidad. Lugo ya no es presidente del Paraguay y Venezuela es el quinto miembro del Mercosur.

Desde el punto de vista cuantitativo el Mercosur suma al cuarto país más rico de América del Sur y al cuarto país más poblado de la región, permitiéndole convertirse en un bloque político y comercial con 270 millones de personas, un PBI de 3,3 billones de dólares y un territorio de 12,7 millones de kilómetros cuadrados. Venezuela será el tercer país más importante del bloque, apenas por detrás de la Argentina, muy detrás de Brasil, pero también muy por encima de Paraguay y Uruguay.

Pero desde un aspecto cualitativo, emergen varios interrogantes sobre cómo será la relación entre los socios originales con el nuevo integrante, cómo repercutirá sobre las asimetrías entre los grandes y pequeños del bloque, o entre los desequilibrios comerciales recurrentes entre Argentina y Brasil. Además, cómo se conjugará el lugar de Venezuela en el Mercosur con el despliegue del otro proyecto de política exterior y regional impulsado por el país caribeño como lo es la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), con un perfil anticapitalista y crítico de los bloques regionales que tienen el comercio como eje rector de la integración, como lo es el Mercosur, a pesar de algunos cambios habidos en los últimos años.