Una Nicaragua digna es posible

04.09.18

Una Nicaragua digna es posible

Treinta y nueve años pasaron desde aquel 19 de julio, de aquella gesta de “los muchachos -y muchachas-”, de aquella Revolución Popular Sandinista (RPS) que estremeció América Latina y el mundo; responsable de aquella alfabetización, reforma agraria, organización comunitaria, campesina, obrera y estudiantil, que era la esperanza para hacer la transición del movimiento armado a la consolidación de un país que rescatara la dignidad nacional y construyera poder popular.

En menos de cuarenta años, un nuevo 19 estalla en Nicaragua, otra vez muchachos y muchachas, pero esta vez sin una dirección organizacional vertical ni político militar. Esta vez es un movimiento líquido, horizontal, que se denomina y considera autoconvocado. En el que no existen unos pocos líderes visibles sino muchas y muchos valientes que se lanzaron a las calles y en los campos. La punta de un iceberg representativa de  una década de malestar sentida en gran parte de la población. Aquel Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que lideró el proceso de la RPS, se convirtió en el aparato personal de Daniel Ortega y Rosario Murillo, dejando de ser partido, apartándose de los valores e ideales que impulsaron a Sandino, los fundadores del FLSN y de la juventud que le siguió en la década de los setenta y ochenta. Sobre todo, se convirtió en la digna representación de la derecha nicaragüense.

Ortega y Murillo están al mando de una plutocracia centralizada. Ellos y sus aliados privatizaron gran parte de la colaboración petrolera venezolana, compartiendo sus réditos con la vieja oligarquía financiera.  Se aliaron con la jerarquía de las iglesias para penalizar todo tipo de aborto, incluyendo el terapéutico. Otorgaron alrededor  de 150 concesiones a transnacionales mineras de capital extranjero, entregado vastos territorios y parte de la soberanía del país a un empresario chino, para la construcción de un canal interoceánico (ley 840), en violación a la misma Constitución orteguista.

Hoy el gobierno persigue y criminaliza a los movimientos sociales, organizaciones de la sociedad civil y activistas que protestaron en las universidades y en las calles, arrastrando incluso viejos y jóvenes militantes sandinistas.  El modelo orteguista pervirtió los valores de izquierda para convertirse en un gobierno autoritario, extractivista, discriminador de minorías, dado al nepotismo y al poder patriarcal tradicional. 

En lo internacional, contó con el beneplácito del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, ofreciendo al capital extranjero y nacional un modelo de máximas utilidades y de sindicalismo intervenido, para garantizar al capital y a los Estados Unidos su preciada estabilidad y rentabilidad.

En este contexto llega el 19 de abril, en donde las y los estudiantes de universidades públicas salen a las calles y se toman sus recintos, en respuesta a la brutal represión ejercida por las fuerzas de choques progubernamentales, contra jóvenes que protestaban pacíficamente por la reforma a la seguridad social. Estas fuerzas de choque, luego se convirtieron en un ejército irregular entrenado y dotado con armas de largo alcance por el Gobierno.

La respuesta de la población civil no se hizo esperar y, por todo el territorio nacional, se observaron marchas masivas que rápidamente fueron atacadas por la Policía. Ante esta situación, la resistencia campesina inició la instalación de “tranques”en las carreteras, que fueron seguidos por la población movilizada en las ciudades. Se tratabade una forma de autodefensa territorial, ante el ataque criminal de la fuerza pública y que logra bloquear las principales vías y ciudades del país.

En ese contexto, el Gobierno puso en marcha la “operación limpieza”, en la cual grupos parapoliciales, protegidos por policías, desarticulan los tranques y la organización territorial, a través de una violencia sin precedentes, provocando la mayoría de las muertes, que desde  el 18 de abril suman 322 personas según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

 

El reto del movimiento social

El movimiento social, que llega a Abril debilitado - entre otras cosas por la persecución de más de una década, e incluso antes de la llegada del FSLN al poder, por estrategias para desmovilizar activistas -, en la actualidad mantiene su carácter autoconvocado pero reconoce la importancia de organizarse y construir unidad.

Frente a esta necesidad, nace la Articulación de Movimientos Sociales. Se trata de un espacio de coordinación entre distintos actores sociales en todo el territorio nacional, para congregar las voces populares de la protesta y así impulsar un profundo cambio político y social en Nicaragua. Actores organizados en torno a dos objetivos comunes: justicia y democracia, a través de procesos horizontales, diversos e inclusivos. Este espacio aglomera alrededor de 100 expresiones organizativas, una parte existían antes del estallido social y otras que surgen a raíz de la crisis sociopolítica.

El movimiento social está consciente de los intereses conservadores que están sobre Nicaragua. Por eso, apunta a una transformación estructural del país y no solamente a cambiar al jugador sin cambiar las reglas del juego. El clamor popular por justicia y democracia, es acompañado por las reivindicaciones que se han venido exigiendo históricamente, como son: los derechos de las mujeres, justicia social, anti extractivismo, derechos de la diversidad sexual, soberanía nacional, derechos indígenas y de afrodescendientes, respeto a los bienes comunes, derecho a la vivienda, y sobre todo un país en el que se respete la vida, la libertad de organización y participación. Un país en donde exista una democracia que trascienda el sufragio, para que el pueblo sea el principal actor, que ejerza una democracia con participación popular y soberanía nacional.

El movimiento social, de esta manera, también lucha para no permitir la reinstalación del modelo corporativista-autoritario, que amasó las fortunas de los más poderosos en la última década. Se abre, entonces, la posibilidad de un nuevo entendimiento entre sociedad, Estado y la diversidad de agentes económicos. Para revertir el colapso institucional evidenciado a lo largo de los gobiernos de Ortega, caracterizados por la corrupción y la impunidad.

A pesar de la heterogeneidad de la oposición nicaragüense, que ha incluido ciertos liderazgos que son apoyados por sectores ultra conservadores de Estados Unidos y otros países, el movimiento social articulado ha apostado a sumar a los sectores progresistas que habían sido aliados de Ortega o que habían estado en silencio, al creer ingenuamente que Ortega y la mística revolucionaria aún guardaban alguna relación ideológica. Estas iniciativas nacen con el objetivo de tender puentes, que le permitan a estos sectores acompañar y acuerpar esta nueva sublevación por la que atraviesa Nicaragua, para que pueda desembocar en un país que permita vivir a las y los nicaragüenses en condiciones dignas.

Muestras de gran valor de solidaridad internacional se han manifestado, por mencionar algunas:

Ada Colau, la incansable activista por el derecho a la vivienda digna y actual alcaldesa de Barcelona recibió a la Caravana de Solidaridad y expresó en sus redes: “He recibido una delegación de mujeres luchadoras, valientes y feministas que denuncian la grave violación de DDHH que se está produciendo en Nicaragua, con el asesinato de centenares de personas. Desde BCN mi total condena a la situación, y mi apoyo a los movimientos en defensa de los DDHH”.

Manuela Carmena, jurista y defensora de derechos humanos durante la dictadura franquista en España también recibió a activistas nicaragüenses e impulsó desde Ahora Madrid la "condena a la violencia ejercida por el Gobierno de Nicaragua".

Por su parte Carmen Hertz, diputada del Partido Comunista de Chile, después de un encuentro con activistas y sin dobles estándares, condenó la violación de Derechos Humanos en Nicaragua; lucha de la que no es ajena pues durante la dictadura de Pinochet denunció los crímenes de lesa humanidad que le arrebataron la vida a tantos chilenos, entre ellos su esposo Carlos Berger.

Asimismo, desde Coimbra, Boaventura de Sousa Santos también ha alzado su voz en solidaridad con Nicaragua y lanza la pregunta “¿Por qué buena parte de la izquierda latinoamericana y mundial mantuvo (y continúa haciéndolo) el mismo silencio cómplice? ¿Por cuánto tiempo la memoria de las conquistas revolucionarias opaca la capacidad de denunciar las perversiones que les siguen al punto de que la denuncia llega casi siempre demasiado tarde?

El papel de Estados Unidos

Tras la irrupción estudiantil y del movimiento social, el régimen orteguista pasó, para Estados Unidos, de molestia tolerable a problema político. Ydejó de ser una preocupación casi exclusiva de los congresistas anti-cubanos de Florida.  El carácter bipartidista del repudio en el Congreso, motivado por la evidente y demostrable oleada represiva, no pudo ser ignorada por la Administración. 

Se rompió la relación de tolerancia, salpicada de críticas ocasionales, pero en el fondo contando con beneplácito con el modelo neoliberal corporativo. Se agotó la funcionalidad como “muro de contención” contra el flujo de drogas, la relación obsecuente con el Comando Sur, y la persecución de migrantes. 

Ortega ya no puede garantizar nada de lo anterior y, por el contrario, resurgen la inestabilidad en cada uno de estos frentes. Asimismo, la macabra conformación de cuerpos parapoliciales representan una amenaza para la región en su conjunto que, tras la caída del régimen. Puesto que estos grupos quedarán expuestos a colaboraciones ilícitas con las maras y crimen organizado a nivel centroamericano.

Por lo tanto, existe un consenso generalizado que la permanencia del régimen orteguista significa un peligro para la paz y seguridad en la región, en el que Estados Unidos también coincide, y por lo que ha iniciado una ofensiva que incluye sanciones a funcionarios y mayor beligerancia ante organismos internacionales.

Los movimientos sociales, y el pueblo en general, tienen este factor en cuenta, y lo asumen como un desafío para fortalecer la naturaleza soberana de la lucha. Pues Estados Unidos buscará, por todos los medios, sostener todo aquello que el modelo orteguista le ofrecía, empujando una salida donde la agenda popular no determine una ruta democrática y un modelo de país alternativo, tratando de conservar un orteguismo sin Ortega.

 

La importancia de la Concertación Nacional

Aunque el pueblo ha pagado un precio altísimo en vidas y aunque Ortega mantiene una feroz campaña represiva, la insurrección cívica en Nicaragua ya logró provocar cambios irreversibles que marcan la derrota estratégica del régimen y a la vez abren las puertas a una Nicaragua diferente, ya en construcción.  

Para agilizar la salida de Ortega, se empieza a conformar aceleradamente un nuevo sujeto político representativo de la vasta oposición al régimen. Una construcción política bajo persecución y casi en clandestinidad, dada la salvaje persecución, criminalización y judicialización que Ortega ha emprendido contra los liderazgos.

El papel primordial de este momento político, es constituir una contraparte sustantiva del gobierno para la negociación de su remoción a la brevedad posible y, tras su salida, conducir el país hacia nuevas elecciones. A partir de una nueva unidad o concertación nacional efectiva, la comunidad internacional también contará con un interlocutor válido representativo de todos los sectores no orteguistas sin exclusión. 

Es en ese marco, que se inserta la Articulación de Movimientos Sociales que, con su diversidad de fuerzas sociales del campo y ciudad, deberá formar parte de este nuevo sujeto que tendrá que hacer alianza con otras fuerzas, que incluyen la Alianza Cívica por la Democracia y la Justicia (y por tanto al empresariado, aliado del régimen hasta el 18 de abril). Se trata de alianzas para dotar al país de una organización nacional para, democráticamente, establecer las estrategias en un acuerdo básico de justicia y democracia,  y para conducir al país hacia la organización de nuevas elecciones en el tiempo más breve posible.

Este nuevo sujeto político, con un carácter heterogéneo, una vez logre alcanzar un entorno democrático, permitirá iniciar futuras disputas para la construcción de una Nicaragua digna, un país basado en la justicia social en donde los derechos históricamente marginados sean reivindicados. Esta Nicaragua sublevada, no solamente quiere sacar a Ortega, quiere eliminar de raíz el sistema orteguista: modelo neoliberal, plutócrata, racista, clasista, y ahora criminal.

 

Violeta Montero - Articulación de Movimientos Sociales de Nicaragua