Tensiones mercosureñas

Tensiones mercosureñas

El golpe parlamentario de Paraguay y las pautas originarias del Mercosur. Tensiones entre chicos y grandes y el nuevo actor en escena. Las internas uruguayas y el desafío para Argentina y Brasil.

A fines del mes de junio –y casi una semana después del golpe y destitución de Fernando Lugo en Paraguay– tuvo lugar en Mendoza, la Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur. El tema principal del evento fue la situación política de Paraguay y su suspensión como miembro pleno del bloque regional. Recordemos que este bloque se pudo formar recién en 1991, entre otras razones, porque el fin de la dictadura de Stroessner y la transición a gobiernos civiles y la apertura electoral posibilitaron que Paraguay pudiera ser parte de las negociaciones argentino-brasileras que tenían lugar desde 1985, a las que se había sumado Uruguay. El contexto político del Cono Sur de fines de los ochenta impuso la “cláusula democrática” en el armado del bloque comercial, que sanciona a los países miembros en los que se erigen gobiernos dictatoriales o ilegítimos. De forma rápida –y similar a cómo actuó la Unasur ante los intentos de golpe y desestabilización en la región del Oriente de Bolivia en 2008 y en Ecuador en 2010– los primeros mandatarios de Argentina, Brasil y Uruguay decidieron aplicar aquella cláusula y suspender a Paraguay como miembro pleno del Mercosur, por tener un gobierno ilegítimo. Fue la forma de sancionar y no reconocer a nivel regional a Franco como presidente de la nación guaraní.

Inmediatamente, luego de esta decisión, los mandatarios Cristina Fernández de Kirchner, Dilma Rousseff y José “Pepe” Mujica, resolvieron avanzar en un tema que, si bien estaba en la agenda de la cumbre, la suspensión de Paraguay ayudó a concretar. Hablamos del ingreso de Venezuela al Mercosur, como miembro pleno, algo que estaba imposibilitado por la renuncia del parlamento paraguayo a aprobar el ingreso del país bolivariano, impulsada desde el Senado por los representantes del Partido Colorado, el Partido Liberal de Franco y la fuerza de Lino Oviedo –representantes de los sectores económicos concentrados que insistieron en la destitución del ex obispo-. Los motivos esgrimidos radican básicamente en aspectos políticos e ideológicos, a raíz del curso que tomó el gobierno de Chávez a mediados de la década pasada, con acuerdos fuertes con Cuba mediante el ALBA, expropiaciones de empresas extranjeras y el llamamiento a construir el “socialismo del siglo XXI”. Similar postura tuvieron sectores de la burguesía paulista y de otras fracciones de la clase dominante de Brasil, que se tradujo en una fuerte presión sobre el Senado de este país, que tardó muchos años en aprobar la entrada de Venezuela. El país caribeño había pedido a finales en 2006 su entrada al Mercosur, por un lado, como una forma de garantizar el intercambio de recursos con Argentina y Brasil y, por otro lado, como una forma de consolidar, luego de la derrota del ALCA en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata de noviembre de 2005, un eje geopolítico de peso en América del Sur, en un momento donde la conversión de la Comunidad de Naciones Sudamericanas en la posterior Unasur estaba frenada, sobre todo por las diferencias con Colombia, Perú y Chile sobre la necesidad o no de esta instancia.

Pero más allá de esta noticia alentadora para el gobierno de Hugo Chávez, otra de las novedades luego de la cumbre fueron las tensiones en Uruguay luego del encuentro de Mendoza. Los miembros del Partido Nacional y del Colorado –reacios también al ingreso de Venezuela y críticos de las utilidades del Mercosur para Uruguay por persistir grandes asimetrías entre sus miembros– criticaron la decisión del Mercosur y el lugar de Mujica en ella, de permitir el ingreso de Venezuela. Pero la particularidad habida fue que las quejas también provinieron del propio Frente Amplio. El vicepresidente Danilo Astori, de perfil económico ortodoxo –e incluso el propio canciller Nicolás Almagro, más cercano a Mujica– criticaron la decisión de aprovechar la suspensión de Paraguay para acelerar el ingreso de Venezuela sin resolver las tensiones y asimetrías pendientes entre sus miembros originales. Es que se han prometido muchas políticas de compensaciones para las economías más débiles del bloque –Paraguay y Uruguay– pero nunca han llegado. Tal punto alcanzaban las controversias que, en el contexto de negociaciones por el ALCA, Uruguay y Paraguay fueron tentados por Estados Unidos para firmar un Tratado de Libre Comercio, siendo los sectores de derecha de ambos países los promotores de los posibles beneficios de sendos acuerdos con la potencia del norte, críticos de Mercosur al que consideraban beneficioso solo para Argentina y Brasil. Tales acuerdos conllevaban salirse del bloque comercial del Conos Sur, y entrar en conflicto con sus vecinos regionales, con muchos otros costos políticos y también económicos que lidiar en el día a día. Esta situación puede tensionar aún más el Mercosur, aunque desde el punto de vista político. La elegante salida de Mujica, para responder a todo el arco político uruguayo sin contradecir su decisión de aprobar en Mendoza el ingreso de Venezuela, fue apoyar la entrada de aquél como la posibilidad formar un contrapeso político a Argentina y Brasil: “…hay dos actores pesados, pesadísimos y no tienen contrapeso (…) es necesario que el Mercosur crezca, necesitamos otros actores gravitantes”, afirmó Mujica hace unos días.

Estas tensiones con Uruguay, más la presentación que hizo Franco ante el Tribunal Permanente de Revisión (TPRM) del Mercosur contra el ingreso de Venezuela –tribunal comandado por un jurista paraguayo y con asiento en ese país–, argumentando que viola las normas de aprobación de ingreso, mostrarán la capacidad que puedan desplegar o no las presidentas Cristina Fernández de Kirchner y Dilma Rousseff para resolver estos conflictos. Argentina y Brasil han apostado en la última década a consolidar la unidad regional pero sin poder resolver, por ejemplo, las asimetrías en el bloque económico; un acuerdo regional nacido al amparo de las políticas neoliberales con un perfil comercialista, que si bien sufrió modificaciones con el giro de las políticas exteriores de los ex mandatarios Néstor Kirchner y Lula Da Silva, no ha podido revertir algunos de sus cimientos, más cercanos a la apertura comercial que a la unidad y cohesión entre sus miembros.