Puerto Rico: tras el desastre del huracán María

30.10.17

Puerto Rico: tras el desastre del huracán María

El 20 de septiembre de 2017 no será un día más en el recuerdo y en la memoria de los habitantes de Puerto Rico. Durante esa jornada el huracán María atravesó el conjunto de las islas desde el sureste hasta el noroeste, con vientos de más de ciento cincuenta millas por hora junto con intensas lluvias que destrozaron el hermoso archipiélago caribeño. Pocas semanas antes, el huracán Irma, que destruyó la isla de Barbuda, anticipó las graves dificultades que se avecinaban. Si bien asoló la costa noreste de Puerto Rico, afectando sobre todo a uno de los distritos más pobres del país (el municipio de Loíza), mostró la fragilidad del sistema eléctrico existente, agravado por años de desidia gubernamental.

            En ese sentido el impacto de estas catástrofes naturales hay que contextualizarlas dentro de la grave crisis económica por la que atraviesa Puerto Rico desde el comienzo del nuevo milenio, donde el 46% de las personas y el 43% de las familias se encontraban, antes de los huracanes, bajo el nivel de pobreza. A eso debe añadir el fuerte desempleo existente, el cual oscila entre un 15 y un 35% en el marco de una tasa de participación laboral de 40%; o sea que, el 60% de la población en edad de trabajar se encuentra por fuera del mercado. Frente a ello, la solución brindada por parte del Congreso de Estados Unidos fue la aprobación de un drástico programa de austeridad con el objetivo de pagar la abultada e ilegítima deuda externa. Así, en junio de 2016, con el aval del ex presidente Barack Obama, se aprobó la Ley PROMESA, por la cual se impuso una Junta de Control Fiscal que se erigió por encima de la constitución boricua y de cualquier legislación nativa. Desde entonces, con el apoyo del gobierno local, de la Legislatura isleña y de los principales partidos políticos, se produjo un empeoramiento de las condiciones laborales (entre ellas, reducciones en los salarios y despidos) junto con un draconiano recorte presupuestario en las áreas de educación, salud, vivienda, etcétera.

            Ha transcurrido más de un mes del paso arrasador del huracán María; sin embargo, pareciera que ocurrió hace pocas horas. Para esta fecha, decenas de comunidades continúan aisladas, gran parte del archipiélago carece tanto de energía eléctrica como de agua potable y, sobre todo, miles de personas se encuentran aún incomunicadas entre sí, no pudiendo regresar a sus hogares. Más aún, no se sabe con certeza la cantidad de muertos ocasionados, tanto directa o indirectamente, por la tormenta; el gobierno ha escatimado y desinflado las cifras para ocultar su propia ineficacia. No obstante, la principal preocupación se concentró en torno a la falta de energía eléctrica en todo el archipiélago. Así, sin electricidad en la mitad de los hospitales, cientos de pacientes se encuentran a la espera de ser atendidos en forma adecuada. A eso se le suma que una importante cantidad de plantas de agua potable no funcionan, por ende, la población se halla forzada a beber de los manantiales o de afluentes contaminados, provocando potenciales epidemias de salud como la leptospirosis que ya cobró varias víctimas.

            Ineficiencia que no sólo se manifiesta en ese aspecto, sino también en la forma en que las autoridades isleñas y la administración norteamericana han encarado la ayuda a los damnificados por el temporal. En ese sentido, sobresale el fracaso de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA) como entidad gubernamental encargada para afrontar ese tipo de situaciones climáticas. La entidad no estaba preparada para responder ante ese desastre: en el archipiélago sólo contaba con 20.000 toldos livianos, 500.000 comidas y 700.000 litros de agua. Estos suministros probaron ser insuficientes, los alimentos y el agua se agotaron en las dos primeras jornadas mientras que el gobierno local estimó que 250.000 residencias fueron severamente afectadas por el huracán, y un mes más tarde, únicamente se han distribuido 40.000 toldos livianos. Por su parte, los toldos pesados, que cubren la totalidad de un techo, a un mes del desastre, sólo se han podido instalar 439 de los 4.245 autorizados por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército. A eso habría que añadir que la ayuda a FEMA había que solicitarla por internet, eso no hubiese sido un inconveniente sino se hubiese considerado que la mayoría de la población afectada carecía de energía eléctrica. Por otra parte, el gobernador Ricardo Rosselló, ante algunos saqueos que se produjeron en grandes centros comerciales, decretó algunas semanas un toque de queda de siete de la tarde a seis de la mañana, en defensa de la propiedad privada.

            Como si fuera poco este panorama, el presidente estadounidense Donald Trump se burló y minimizó de la tragedia ocurrida. Desde distintos mensajes de twitter, donde expresó que los trabajadores puertorriqueños eran vagos y que las agencias federales como FEMA no podían estar para siempre en la Isla, hasta el despliegue que hizo arrojando rollos de papel toalla a un grupo de refugiados durante el pasado 3 de octubre cuando estuvo en Puerto Rico durante cuatro horas.

            Todo esto hay que contextualizarlo dentro de la situación colonial que rige en el territorio. Al oneroso pago de la fraudulenta deuda externa que le impone la Ley Promesa se le suma la vigencia de la Ley Jones de 1917 por la que Estados Unidos impone sus leyes de cabotaje. Así, Washington controla y duplica el costo de los bienes materiales que llegan a los puertos, pues sólo los barcos norteamericanos pueden legítimamente comercializar, por lo cual se imponen restricciones de ingreso de otros buques al archipiélago, impidiendo aceptar la ayuda solidaria ofrecida, entre otros, por Cuba y Venezuela.

            En resumen, el pueblo puertorriqueño, como consecuencia de esta enorme crisis, tiene una inmensa oportunidad de reflexionar sobre su destino, internalizando más en su conciencia las condiciones coloniales a las que se encuentra sometido. La mirada racista que impera sobre ellos al decir “son vagos”, la dependencia acotada y mal administrada de la agencia FEMA, la militarización impuesta sobre la población boricua con toque de queda, la vigencia de las condiciones de sometimiento como las leyes Jones y Promesa, entre otros temas, debería llevar a pensar en la necesidad urgente de la independencia.

            Para finalizar, quisiera incorporar la reflexión del principal líder independentista, Pedro Albizu Campos, sobre la ayuda otorgada por Estados Unidos tras el huracán San Felipe en 1928:

 

“… para Puerto Rico en Estados Unidos no hay ni caridad, porque en Estados Unidos se levantan con gran facilidad cuantiosas sumas de dinero para fines caritativos, pero eso no reza con Puerto Rico, que es un pueblo despojado de sus riquezas por Estados Unidos y de cuya miseria son solo responsables el gobierno y los ciudadanos de Estados Unidos… No hay justicia porque la causa básica de la miseria es el desplazamiento de los intereses puertorriqueños por los norteamericanos. Debido al sistema político imperante en Puerto Rico ellos son mandatarios directos del gobierno de Estados Unidos y hacen en nuestro país lo que se les ordena desde Washington… Puede asegurarse que el gobierno de los Estados Unidos no hará nada por aminorar la carga económica que gravita sobre el país. En realidad, se alegra de ello porque eso acelera el plan de desplazamiento para dejarnos en el aire en nuestra propia tierra. Norteamericanos sagaces ven claro que el huracán que arruinó a todo el país, acelera la penetración económica de Estados Unidos en Puerto Rico… Los invasores pueden después del huracán, adquirir bienes públicos, tanto tierras como empresas valiosas a precios ridículos comparado con su verdadero valor. Preparémonos para ver la desaparición de gran número de los pocos intereses, negocios, comercios puertorriqueños que nos quedan, riquezas que forzosamente irán a pasar a intereses norteamericanos…Este desplazamiento ha podido evitarlo la nación que retuvo en sus manos todos los poderes. Los puertorriqueños no podrán reivindicar su riqueza pública dentro del régimen actual, a menos que estén dispuestos a colocarse en una posición de abierta rebeldía contra ese régimen” (Pedro Albizu Campos, entrevista de Manuel Rivera Matos, periódico El Mundo, 8 de febrero de 1930).

 

          

Video sobre Puerto Rico antes y después de María

 http://www.primerahora.com/noticias/puerto-rico/nota/puertoricoantesydes...