Los objetivos económicos y políticos que se proponía el ALCA

Los objetivos económicos y políticos que se proponía el ALCA

Retomando análisis previos sobre los intereses socioeconómicos y políticos que estaban detrás del ALCA, Leandro Morgenfeld pone a luz los objetivos que se proponía la iniciativa norteamericana de crear un acuerdo hemisférico de libre comercio. Observa en ellos las necesidades del desenvolvimiento del capitalismo actual, pero en relación con la tradición de Estados Unidos de desplegar su influencia económica y su hegemonía política sobre América Latina. 

A modo de síntesis, se exponen aquí algunas tendencias que expresaba el ALCA[1]. En términos generales, el ALCA se enmarcaba en las tres contradicciones principales del capitalismo contemporáneo: la contradicción capital-trabajo, la contradicción entre países centrales y países dependientes y la contradicción entre distintas potencias a nivel mundial por el dominio del llamado Tercer Mundo (en este caso, América Latina). El ALCA implicaba un avance del capital sobre el trabajo. Al mismo tiempo, profundizaba la dependencia de los países latinoamericanos.

En primer lugar, el ALCA implicaba una ofensiva del capital sobre el trabajo. Otorgando mayor movilidad a los capitales y a las mercancías, pero no así a la fuerza de trabajo, el capital tiene mejores condiciones para explotar al trabajo. En su antecesor, el NAFTA, antecedente del ALCA, afectó los reclamos sindicales en Estados Unidos y cómo los empresarios de ese país amenazaron a sus trabajadores con relocalizar las empresas en México, donde las condiciones de trabajo son muchos más duras y los salarios más bajos. Las inversiones extranjeras que llegaron a México, por otra parte, se orientaron al sector de las maquilas, meras industrias de ensamblaje orientadas a la exportación, que no hicieron sino profundizar el trabajo informal, precario y flexible. En el caso de América del Sur, y de Argentina y Brasil en particular, la apertura comercial llevaba al cierre de las empresas locales que no pudieran competir con las estadounidenses o con las exportaciones de las maquilas mexicanas –también, mayoritariamente, de capitales estadounidenses-, lo cual aumentaba las ya elevadas tasas de desocupación y subocupación de ese entonces, presionando a los trabajadores ocupados con un mayor ejército de reserva y, por lo tanto, peores condiciones para luchar por sus derechos laborales. Además, le quitaba al estado herramientas para intervenir y para eventualmente establecer regulaciones laborales, un acuerdo como el ALCA flexibilizaba aún más las condiciones laborales. La década de 1990 ya había demostrado cabalmente tanto en Brasil como en Argentina que la afluencia de capitales extranjeros no era sinónimo de desarrollo ni mucho menos de mejoramiento de las condiciones de vida para la mayoría de los trabajadores. Más bien trajo desocupación, subocupación, aumento de la flexibilidad laboral y del trabajo en “negro” y niveles de pobreza e indigencia inéditos. Es por esto que el movimiento obrero organizado de cada país fue tomando conciencia de las consecuencias que tendría un acuerdo de este tipo y organizó distintas resistencias frente al ALCA, tanto a nivel nacional –y en forma coordinada con otros actores sociales- como continental (Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur, Alianza Social Continental) y mundial (Foro Social Mundial).

En segundo lugar, el ALCA respondía a la necesidad de Estados Unidos de ejercer un dominio y una explotación más acabada y con el aval institucional que cristalizaría una realidad que se viene plasmando en las últimas décadas con el desenvolvimiento del capitalismo. El proyecto del ALCA se inscribe en un proceso de largo plazo que, desde fines del siglo XIX, muestra cómo Estados Unidos intentó consolidar a nivel político, jurídico y militar la superioridad económica y la hegemonía que mantuvo y mantiene en la región, aún en disputa con otras potencias y con Europa en particular. El análisis del conflicto entre Estados Unidos y la Argentina en las Conferencias Panamericanas muestra los antecedentes directos de la disputa más reciente en torno del ALCA y la potencialidad de los países sudamericanos para limitar los proyectos estadounidenses. Estados Unidos, para lograr consolidar su amplio “patrio trasero”, precisaba avanzar en el viejo proyecto de unión panamericana –que se le niega hace más de un siglo, desde el primer intento en la Conferencia de Washington de 1889- y, fundamentalmente, obturar cualquier proceso de integración alternativa como podría ser el Mercosur o las que se estaban configurando por ese entonces, como UNASUR y ALBA. No es casual que el ALCA fuera lanzado en el marco del Consenso de Washington y cuando Brasil y Argentina, los “gigantes” del sur, estaban por fin iniciando el viejo proyecto de unión sudamericana. El ascenso de Chávez en Venezuela, su radicalización política y su permanente intento de retomar el viejo proyecto de Bolívar, a partir de su propuesta de ALBA, encendió una luz de alarma en el gobierno estadounidense. Más aún cuando, en la XV Cumbre Iberoamericana se anunció que Venezuela se incorporaría como miembro pleno del Mercosur en diciembre de 2005. Como en los últimos dos siglos, la capacidad de Estados Unidos para establecer un dominio sobre América Latina depende de que no se constituya una integración latinoamericana o sudamericana que se resista a aceptar los mandatos de la potencia del norte. El ALCA sería un instrumento fundamental para abortar esa alternativa –la profundización de la Comunidad Sudamericana de Naciones- y para aislar a Venezuela y Cuba, los vecinos más díscolos del continente, consolidando la dependencia de los países latinoamericanos.

En tercer lugar, la concepción del ALCA respondía a la necesidad de Estados Unidos y sus capitales más concentrados de competir con los otros bloques económicos. Estados Unidos, con el ALCA, pretendía contrarrestar el proceso de conformación de bloques en Europa y Asia, estableciendo un área donde su hegemonía se consolide. Por su creciente déficit comercial y fiscal y por el excesivo endeudamiento, Estados Unidos necesitaba revertir ciertas tendencias económicas de aquéllos años. Los sectores financieros, los grandes exportadores y las empresas estadounidenses más concentradas eran las bases de apoyo del ALCA. El acuerdo respondía a la necesidad del capital estadounidense de apropiarse de un área que históricamente estuvo disputada con Europa, consolidando la supremacía del dólar. Profundizaba las condiciones del capital para explotar el trabajo y del capital estadounidense frente al de otros países, lo cual era clave cuando la Unión Europea estaba  en pleno proceso de expansión –e intentaba profundizar la penetración en América Latina a partir del acuerdo Mercosur- Unión Europea y de las Cumbres Iberoamericanas- y nuevas potencias como China ya venían estableciendo importantes acuerdos comerciales con la región en los últimos meses. El ALCA otorgaba mejores condiciones al capital estadounidense para avanzar, en América Latina, frente al europeo y asiático.

 



[1] Un análisis más completo se puede encontrar en http://www.vecinosenconflicto.blogspot.com.ar/search?updated-max=2015-11...