Libre comercio fracasado (por el momento). La Cumbre de la OMC en Buenos Aires y el frustrado anuncio del acuerdo de libre comercio MERCOSUR-Unión Europea

03.01.18

Libre comercio fracasado (por el momento). La Cumbre de la OMC en Buenos Aires y el frustrado anuncio del acuerdo de libre comercio MERCOSUR-Unión Europea

A comienzos de diciembre tuvo lugar en Buenos Aires la XI Reunión Ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC) con el objetivo de retomar la discusión por la liberalización arancelaria del comercio global. 

Fue la primera cumbre de la OMC en América del Sur y tuvo como anfitrión a la Argentina de Macri, quien buscó el cometido de ser país anfitrión en uno de los tantos gestos a favor de la reinserción del país en el mundo. Sin embargo, se repitieron los resultados de los últimos tiempos, sin poder avanzar en posturas consensuadas y sin plasmar un documento en común con un piso de acuerdos. Esto ocurrió por la negativa de los países centrales a liberar algunas áreas claves como la agricultura, que se entrecruzó con la postura de los países emergentes, quienes se negaron a abandonar la agenda de desarrollo de la Ronda Doha. Cabe resaltar que, además de los temas sensibles de discusión como el comercio agrícola, la agenda actual incluye controvertidos y desconocidos aspectos para la política local y regional como la desregulación del comercio electrónico donde la presión de las multinacionales del sector es muy fuerte.

En forma paralela a la reunión de la OMC sesionó en Buenos Aires la Cumbre de los Pueblos, en el marco de la Semana de Acción Global Contra el Libre Comercio, desarrollada por el espacio “Confluencia Fuera OMC” integrado por diversos actores sociales y políticos Allí, organizaciones sociales, sindicales y políticas de la región –y de otras partes del globo– como así también espacios de pensamiento crítico de la región como CLACSO, discutieron una agenda alternativa donde la soberanía alimentaria, financiera, sanitaria, energética constituyeron los ejes centrales. Éstos se contraponen a los habituales tópicos del libre comercio como inversiones, capitales, aranceles y desregulación, entre otros, que se discutían en el cónclave del establishment que sesionaba en una parte de la ciudad sitiada.

La reunión ministerial de la OMC iba a servir de marco para que Macri y Temer (Tabaré y Cartes también) anunciaran, en conjunto con representantes de la UE, la firma de un preacuerdo de libre comercio entre el MERCOSUR y la UE que venían negociando a contra reloj. Pero también aquí hubo otro fracaso, al menos temporario. Vale la pena repasar el devenir de esta ronda de negociaciones, que lleva casi dos décadas y que en el marco de la crisis de las negociaciones por el ALCA entre 2003 y 2005 quedó suspendida por varios años. Esto sucedió por los mismos motivos que detuvieron el acuerdo hemisférico impulsado por los Estados Unidos por aquel entonces: falta de una oferta consistente de acceso a mercados para los países latinos, falta de compromiso de los países centrales para eliminar subsidios a sus productores internos, fuertes exigencias en el área de las patentes, presión por las compras gubernamentales, exigencias de reducción arancelaria de los bienes industriales locales en tiempos acelerados. Unos años después, en 2011, al calor de los efectos de la crisis global sobre la región, se reanudó la mesa de negociaciones entre ambos bloques, pero sin acuerdos en todos estos temas. Los cambios de gobierno en Argentina y Brasil cambiaron el eje de las negociaciones y acercaron las partes. Sobre todo durante 2017, cuando luego de la llegada de Trump a la Casa Blanca, el acercamiento del MERCOSUR a la Alianza del Pacífico y al TPP perdió fuerza. Lo notable es que Macri y Temer bajaron las exigencias que el MERCOSUR venía teniendo en las negociaciones con la UE, accediendo, por ejemplo, a aceptar un compromiso de 75 mil toneladas anuales de carne bovina en vez de las 100.000 que se pretendían anteriormente. O negociando  una oferta insuficiente sobre el biodiesel (tanto el de soja como el de etanol de azúcar). También, liberalizando las áreas sensibles como textiles y otros sectores de los entramados productivos locales que no podrán resistir la competencia de las multinacionales europeas. Además, se mostraron muy permeables en concesiones sobre compras gubernamentales y servicios. Todo esto lo conocemos por trascendidos y versiones que circulan en la prensa, porque las negociaciones entre ambos bloques se desarrolla a puertas cerradas, repitiendo el vicio que tuvieron las del ALCA durante sus primeros años hasta que la movilización popular las hizo públicas. Lo novedad fue que a último momento, cuando ya terminaba la reunión de la OMC, los europeos suspendieron las negociaciones manifestando falta de acuerdo en temas básicos y dejaron muy mal parada a la diplomacia mecosureña que preanunciaba la firma del acuerdo para el que habían cedido más de los anunciado en las reuniones anteriores de negociación de septiembre y octubre.

En síntesis, ambas instancias no lograron avanzar en acuerdos concretos y el devenir es incierto, sobre todo en el marco de la OMC. No obstante, queda como resultado que, si bien la movilización en torno a la reunión ministerial en Buenos Aires fue importante y esbozó una agenda alternativa, falta una mayor circulación de la información sobre el acuerdo entre el MERCOSUR-UE y un mayor tratamiento a nivel político y social que pudiera generar más conciencia en la sociedad sobre las implicancias de este tipo de acuerdos de libre comercio para el conjunto de ella. Los ejes de discusión son los mismos de hace una década cuando se frenaron las negociaciones, y similares a los del ALCA, que sí tuvieron masividad. Incluso, las concesiones de los actuales gobiernos neoliberales de la región hacen que las consecuencias, si se firmara algún tipo de acuerdo en el corto y mediano plazo, sean peores hoy día que hace una década atrás.