Las conmemoraciones del pasado teñidas por las necesidades del presente

07.07.16

Las conmemoraciones del pasado teñidas por las necesidades del presente

En la actualidad, el territorio tucumano se convirtió en el centro de múltiples conmemoraciones, transcurrido ya los cuarenta años del último golpe de Estado. El 9 de Julio se festejan los 200 años de la Independencia. También se cumplen 50 años del cierre de los ingenios azucareros por la dictadura de la “Revolución Argentina”.

Las luchas por la Historia

En la actualidad, mientras la provincia está siendo conmovida por los testimonios de los sobrevivientes y de los familiares de las víctimas en la megacausa por el “Operativo Independencia”, recordando y reviviendo el terror que padecieron, y luego de haber sido condenado Antonio Domingo Bussi a reclusión perpetua por delitos de lesa humanidad, Fuerza Republicana (partido provincial fundado por el propio Bussi) propone erigir un “Monumento a la Reconciliación Nacional”.

Al momento de escribir esta nota, los tucumanos nos estamos preparando para conmemorar los 200 años del Bicentenario de la Independencia de nuestra patria.

Hace pocos días se ha dado a conocer que el macrismo ha invitado especialmente a los “festejos” oficiales por el Bicentenario al rey emérito de España, Juan Carlos I de Borbón, (previamente uno de los ministros había pedido “disculpas” al gobierno español y al monopolio Repsol). Los primeros en manifestarse frente a esta posible visita fueron las comunidades originarias, quienes a través de la Unión del Pueblo Nación Diaguita de Tucumán, manifestaron que desde 1492: “…los pueblos originarios en general, y en particular nuestro pueblo diaguita, han sido víctimas del mayor genocidio cometido en nuestra América, justamente por la institución que esta persona representa, constituyéndose en una deuda histórica que España nunca reconoció ni reparó, y cuyas consecuencias son los innumerables problemas que debemos enfrentar en el presente por la permanente violación de nuestros derechos colectivos”.

Intentar borrar la historia y negar las diferencias entre un país del tercer mundo y un país imperialista no es un mecanismo nuevo, ya lo vivimos en la conmemoración por los cuarenta años del último golpe de Estado cuando el macrismo intentó que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, representante de uno de los países impulsores  del golpe de estado de 1976 visite la ex ESMA, hecho que suscitó el repudio de vastos sectores de la población, teniendo que retroceder.

Nuevamente la “reconciliación” ronda por los aires de ciertos antiguos sectores –bajo el ropaje de “cambio”- de la política argentina. En este contexto, desde el campo de las ciencias sociales estos hechos, que conllevan un fuerte componente ideológico y simbólico, no pueden más que suscitarnos algunos interrogantes ¿Qué es lo que subyace bajo la política de “reconciliación” para el bussismo y el macrismo? ¿Sugieren hacer tabla rasa con el pasado? No obstante ¿Es posible para los sectores populares olvidar el genocidio de la conquista española o los crímenes del terrorismo de Estado cometidos durante el “Operativo Independencia” y la última dictadura militar? En el presente las heridas que ocasionaron estos sucesos siguen abiertas: los pueblos originarios continúan exigiendo la devolución de sus tierras y los familiares, organismos de derechos humanos y organizaciones sociales y políticas continúan exigiendo Memoria, Verdad y Justicia.

Los “festejos” de este 9 de Julio de 2016 condensan actuales problemáticas históricas  y además para los tucumanos, es la antesala de las futuras recordaciones por los cincuenta años del cierre de los ingenios azucareros en Tucumán. Nuevamente nuestra provincia será el lugar en el que se desplegará una fuerte disputa ideológica y cultural. Todavía el gobierno no ha dado a conocer cuál será la “agenda” para rememorar este hecho que tanto daño le ha causado a nuestra provincia. No obstante, al igual que ocurrió en 1992 con los contrafestejos por los quinientos años de la conquista de América y ahora también con el Bicentenario de la Independencia, diferentes sectores populares están organizando actividades para recordar los cincuenta años del cierre de ingenios: en todas ellas el pasado está invadido por las necesidades del presente. Es así que desde la actualidad surgen también inquietudes estrechamente vinculadas con este acontecimiento: ¿Dónde están aquellos obreros que fueron expulsados por el cierre de sus fuentes de trabajo? ¿Sus hijos, sus nietos, han podido mejorar sus condiciones de vida? ¿Cuál es el papel que juega la FOTIA en los conflictos obreros actuales? No es mi propósito responder a estas preguntas pero si dejarlas planteadas. Ellas implican procesos protagonizados por los trabajadores y demás sectores populares que hoy continúan abiertos.

 

El cierre de los ingenios azucareros

Desde los años ’60 y ’70 Tucumán sobrellevó distintas intervenciones militares que provocaron drásticas transformaciones económicas, sociales y políticas. A partir de 1966 la dictadura de la “Revolución Argentina” cerró 11 de los 27 ingenios existentes, generando un cambio sin precedentes en la economía de la provincia. Esta política profundizó la concentración monopolista de la industria azucarera, destruyó más de 50.000 puestos de trabajo, provocó el empobrecimiento de productores cañeros y generó una sangría demográfica en la que más de 200.000 personas tuvieron que emigrar.

La destrucción masiva de puestos de trabajos fue una consecuencia directa de la política llevada a cabo por la dictadura. Muchas de las localidades de ex ingenios pasaron de ser pujantes centros urbanos a pueblos carcomidos por el hambre, la desocupación y la expulsión de su población. En esos lugares la crisis social se profundizó con la clausura de los servicios básicos, el rebrote de distintas enfermedades directamente asociadas al aumento de la pobreza y un notable incremento de la mortalidad infantil. La emigración generó la división de los núcleos familiares. Al marcharse de la provincia en búsqueda de trabajo, muchos no mejoraron sus condiciones de vida, sufriendo a la vez un fuerte desarraigo. También se produjo el desmembramiento del tejido social, con un fuerte incremento de la deserción escolar, el aumento de la violencia en los hogares, el agravamiento del alcoholismo y otros padecimientos de origen social.

La contracara de estos efectos negativos fue la resistencia y la lucha política a través de los sindicatos y los nuevos nucleamientos. Así frente al escenario de crisis, la Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera (FOTIA) formuló un programa que implicaba la explotación integral de todos los subproductos de la caña de azúcar, la formación y capacitación de los obreros, la nacionalización y estatización del complejo agro-industrial, y la participación de los trabajadores y de los pequeños y medianos productores cañeros en la producción y en las ganancias. En definitiva, un abanico de soluciones que fue antagónico con el camino que trazó la dictadura de 1966 y que luego se impuso tras el golpe de 1976.

Los obreros se opusieron a la política de “racionalización” económica de la dictadura, practicando distintas modalidades de lucha y ocupando un lugar central en la política provincial. En esa confrontación con la política dictatorial, la lucha de la clase obrera se desarrolló, en un movimiento sinuoso y ascendente: comenzaron con huelgas en defensa de sus fuentes de trabajo y pasaron a cuestionar abiertamente al gobierno dictatorial, culminando con levantamientos populares que en determinadas circunstancias adquirieron un carácter pre-insurreccional. En estas luchas también participaron activamente el movimiento estudiantil y los docentes, especialmente ATEP presidido por Isauro Arancibia –asesinado por las fuerzas represivas junto a su hermano Arturo el mismo 24 de marzo de 1976-.

De este modo, en el caso tucumano las políticas de cierre de ingenios agudizaron los conflictos sociales y generaron un desarrollo de las movilizaciones obreras que fueron creando condiciones sociales y políticas y anticiparon rasgos del auge de lucha que se abrió a escala nacional con el Cordobazo, que también tuvo su correlato en Tucumán. La modalidad de estos levantamientos populares se manifestó en Tucumán de manera embrionaria en enero de 1967 con el asesinato de Hilda Guerrero de Molina, que derivó en una “pueblada” en la localidad donde está emplazado el ingenio Bella Vista. Luego, en abril de 1969 con la “pueblada” en Villa Quinteros, localidad en el que funcionaba el ex ingenio San Ramón. Y posteriormente, se profundizó en los Tucumanazos de noviembre de 1970 y junio de 1972, en un movimiento general de carácter simultáneo y en interacción recíproca con el proceso nacional.

 

La ofensiva dictatorial y la desarticulación del movimiento obrero

El 24 de marzo de 1976 la FOTIA se encontraba realizando un paro de 36 horas en repudio al asesinato del secretario general de la Federación, Atilio Santillán, ocurrido dos días antes. El mismo día del golpe de Estado Bussi, a través del uso de las fuerzas represivas, suspendió y prohibió el paro e intervino la Federación de los azucareros y también la CGT Regional.

La represión dictatorial se concentró en el movimiento obrero y en los sectores populares combativos. No fue casual entonces que la geografía represiva siguiera los pasos de lo que anteriormente había sido el reguero de luchas. Los puntos represivos bordearon los dos núcleos principales en donde se establecía la agro-industria azucarera: un punto concentrado en la zona del noreste, cercano a la capital de la provincia, y el otro en la zona extendida a la vera de la ruta nacional 38, desde la capital hacia el suroeste de la provincia.

De esta manera, el circuito represivo coincidió exactamente con los núcleos obreros más importantes en Tucumán. La FOTIA sufrió el secuestro y desaparición de una de las camadas más combativas de la historia de la Federación: dirigentes como Benito Romano del ex ingenio Esperanza; Leandro Fote del ex ingenio San José, Simón Campos del ingenio Santa Rosa, Martín Décima del ingenio La Florida, Jacobo Ortiz de La Fronterita y Zoilo Reyes del ingenio Concepción, para mencionar sólo a algunos de los secretarios de los sindicatos de base de la Federación y en ellos a los cientos de obreros desaparecidos.

 

Desocultar la verdadera historia

Hoy, después de cincuenta años, nuevamente peligra la fuente de trabajo de más de 400 familias del ingenio San Juan (anteriormente parte de CONASA). Los barrios más pobres de Tucumán están poblados por los descendientes de aquellos obreros azucareros que fueron expulsados. Muchos de ellos hoy sufren el drama social del desempleo. Entonces ¿es posible hacer tabla rasa con el pasado?

Desde hace más de 500 años se han utilizados diferentes mecanismos para negar a los protagonistas de la historia. En particular los obreros de los años ’60 y ’70 enfrentaron la política de cierre de ingenios, se opusieron a la dictadura militar de la “Revolución Argentina” y luego fueron el blanco principal en Tucumán de la política represiva del “Operativo Independencia” y de la última dictadura militar. Sin embargo estos obreros han sido negados por la historia oficial. Frente a ello los cientistas sociales tenemos una importante labor desocultando esa historia, negada aún hoy para las grandes mayorías.

 

Fuente: http://apaprensa.com.ar/las-conmemoraciones-del-pasado-tenidas-por-las-n...