La noche de 12 años, una película y mucho para pensar

05.10.18

La noche de 12 años, una película y mucho para pensar

El pasado jueves 27 de septiembre se estrenó en los cines argentinos La noche de 12 años, del director y guionista Álvaro Brechner. Para que no te pierdas ningún detalle de la atrapante historia, en Todo América te ponemos en tema. 

La película, basada en hechos reales ya descriptos en el libro Memorias del calabozo (1998), narra las vivencias carcelarias de tres de los nueve tupamaros rehenes de la dictadura cívico militar uruguaya (junio de 1973 – marzo de 1985). El siete de septiembre de 1973, tras estar recluidos por más de un año como presos políticos en el penal Libertad, emprendieron un viacrucis que duraría 3989 días; en dicha fatídica peregrinación, donde sufrieron todo tipo de maltratos y vejaciones, transitaron por más de cuarenta dependencias de las Fuerzas Armadas, siempre con la cruz en sus espaldas de saber que si algo ocurría extramuros serían inmediatamente fusilados, por órdenes del Comando General de Ejército.  

Los dirigentes del Movimiento de Liberación Nacional- Tupamaros (MLN-T) fueron divididos en tres grupos de tres y recién vueltos a reunir en el penal Libertad más de una década después; de aquel contingente la obra describe el clavario transitado por la triada José "Pepe" Mujica (Antonio de la Torre Martín), Mauricio Rosencof (Ricardo Mario Darín) y Eleuterio Fernández Huidobro (Alfonso Tort), y como lograron sobrevivir agarrándose a la vida como la hiedra al muro.

Sin golpes bajos ni escenas sangrientas, al estilo de la novela de Mario Benedetti Pedro y el Capitán (1979), la película recorre las peripecias carcelarias tanto de los militares impartiendo todo tipo de torturas -ya que “como en su momento no pudieron matarlos ahora los quieren volver locos”-, como las emprendidas por los tres detenidos para superar aquel ostracismo y así poder testimoniar todo lo padecido.

En el trajín de los hechos aparecen escenas tragicómicas como el pedido de cartas para seducir a sus amadas al poeta Rosencof, por parte de sus captores, o la lucha encarnizada llevada a cabo por Mujica –con incontinencia renal crónica tras los golpes sufridos- para recibir una palangana que su madre le había llevado al Regimiento.

Aislados, encerrados en los más diversos e infrahumanos espacios –pozos, silos abandonados, caballerizas, etc.- las horas pasaban lento en aquel silencio ensordecedor, y es allí donde el ingenio del hombre por sobrevivir es imparable y de eso se nutre la noche de 12 años para convertirse en un canto a la vida. Desde tamborilear los dedos contra la pared y así comunicarse entre celdas hasta estimular trances introspectivos para evadirse de la realidad, todo era válido para cumplir la promesa que se habían hecho: resistir.

Con cada escena que se sucede el espectador indefectiblemente recae en dos preguntas: ¿cómo una persona puede, si no es un loco, si no es una bestia, realizar semejantes atropellos?, y a la vez, ¿cómo alguien logra superar aquel calvario y no caer en el camino?

Las cicatrices de aquellos años aún hoy no se cierran y en gran parte es obra del propio pueblo oriental; éste en dos oportunidades -1989 y 2009-, mediante sendos llamados plebiscitarios, voto por el No a la derogación de la ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado, la cual se estableció en 1986, durante el gobierno del colorado Julio María Sanguinetti. Hecho por demás elocuente si se tiene en consideración que la última convocatoria se realizó a la par de la elección presidencial, donde resultó victoriosa la forma del Frente Amplio integrada por José Mujica y Danilo Astori. Quizás esta película sirva para tomar conciencia de la gravedad de los actos cometidos y lo impostergable de su condena judicial.

Por último, a tono personal y siendo completamente consciente de que quizás sean deformaciones profesionales que uno tiene como historiador, creo que en el debe de la película está el no haber mencionado a las rehenas que inauguraron esa condición, cuando en junio de 1973 ocho reclusas del penal de Punta Rieles fueron trasladadas a la División del Ejército nº 1. Por otra parte, entiendo que un mayor anclaje histórico permitiría a los espectadores comprender en profundidad la incidencia de ciertas escenas de la película como la mención al plebiscito constitucional de 1980.

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