La batalla contra el ALCA y los desafíos actuales

16.11.15

La batalla contra el ALCA y los desafíos actuales

Especialmente escrito para Todoamérica, José Seoane reflexiona, desde un presente que avizora una ofensiva de tratados de libre comercio,  sobre las resistencias a la iniciativa ALCA que tuvieron lugar en torno a la Cumbre de Mar del Plata. Recorre cómo aquéllas se enlazaron con las luchas de los zapatistas contra el libre comercio del TLCAN en México, las resistencias populares a los gobiernos neoliberales en la región andina y la emergencia de formas alternativas de integración. 

El décimo aniversario de la IV Cumbre de las Américas que selló la derrota del proyecto del ALCA motivó numerosas reflexiones sobre la significación de este acontecimiento y su actualidad; particularmente en el señalamiento de los proyectos e iniciativas de integración regional alternativa que potenció. Parto de estas reflexiones, en este caso, para aprovechar estar breves líneas para considerar otra cuestión, para explorar el proceso anterior –la década anterior- que concluye y se expresa en la Cumbre de Mar del Plata del 2005.

Desde esta perspectiva, vale recordar que las resistencias a la agenda del libre comercio continental en el contexto de la globalización neoliberal se remontan a principios de los años ’90 con los cuestionamientos de organizaciones sindicales y ambientalistas al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). No por azar, el levantamiento zapatista tuvo lugar el 1 de enero de 1994, fecha en la que entraba en vigencia el TLCAN. El grito del zapatismo, de los pueblos mayas de la Selva Lacandona, de los indígenas del sur de México, proyectó su voz a todo el continente cuando la hegemonía del neoliberalismo y del Consenso de Washington parecía incuestionable. En cierta medida, sin quererlo, anunciaba el ciclo de conflictividad sociales, emergencia de sujetos subalternos y constitución de una programática alternativa que comenzó a desplegarse en esos años y que, sin caminos lineales ni rutas prefijadas pero con persistencia, se amplificó y extendió signando, en muchos casos con insurrecciones y enfrentamientos, la crisis de la gobernabilidad neoliberal. Recordemos simplemente que en ese mismo 2005, tiene lugar el “abril quiteño y forajido” que desaloja del gobierno a Lucio Gutiérrez en Ecuador y llevará al triunfo de Rafael Correo el año siguiente; y que en junio un nuevo ciclo de protestas termina con el gobierno de Carlos Mesa en Bolivia que, semanas después de la cumbre marplatense, coronaría con el triunfo de Evo Morales en Bolivia. En este sentido, resulta imposible comprender lo sucedido en la Cumbre sin inscribirlo en este proceso complejo e intenso de luchas sociopolíticas y movimientos populares que recorre Nuestra América en esos años y de los cambios gubernamentales que abrió.

Este proceso tuvo, a su vez, una expresión particular en la construcción de la batalla contra el ALCA. Cuando el gobierno venezolano de Hugo Chavéz era todavía la única voz solitaria que oponía reparos en las negociaciones oficiales, las experiencias de coordinación de diversos movimientos y organizaciones se desarrollaban en toda América. En las diferentes formas organizacionales que asumió esta verdadera campaña continental contra el ALCA se reflejaban nuevos procesos de articulación internacional de una diversidad de sujetos sociales –desde sindicatos a campesinos sin tierra, indígenas y académicos, movimientos juveniles y de mujeres-, de diferentes tradiciones políticas e inscripciones ideológicas, que sin evitar debates ni diferencias privilegiaban la unidad de acción y la labor de divulgación de las consecuencias del librecomercio global. Esta intensa experiencia -signada por encuentros, elaboración y difusión de información, movilizaciones, jornadas continentales de lucha, Cumbres de los Pueblos, plebiscitos y consultas nacionales- resultó en el capítulo latinoamericano de un proceso global de nuevo internacionalismo que caracterizó la praxis de la resistencia a la globalización neoliberal y que conllevó, en esos años, la constitución del llamado  “movimiento altermundialista” y la afirmación de que “Otro mundo es posible y necesario”.

Finalmente, en nuestro continente, esta conflictividad sociopolítica, el cuestionamiento social y los cambios gubernamentales en los que se expresó, en muchos casos, la crisis de hegemonía del régimen neoliberal conllevó también la emergencia de un amplio proceso de reidentificación social en clave nuestroamericana o indoamericana, de construcción de un destino compartido y de la necesidad de un futuro común, con sus efectos en el terreno de la cultura, el pensamiento social y los proyectos colectivos. Pruebe de ello es, por ejemplo, la intensa revitalización del  pensamiento crítico latinoamericano.

 

También todos estos fantasmas que recorrieron y  conmovieron Nuestra América desde mediados de los años ´90 y pusieron en jaque la aparentemente inconmovible hegemonía neoliberal -los rostros y las voces de todas las mujeres y hombres que encarnaron estas jornadas- se dejaron oir no sólo en las calles sino también en los propios salones y pasillos de la Cumbre de Mar del Plata en 2005. Vale volver a analizar esta historia cuando los pueblos nuestroamericano afontamos nuevos desafíos y riesgos; cuando, en el marco regional de una ofensiva conservadora del poder económico e imperial, un nuevo ciclo de tratados de librecomercio está en marcha, cuando la iniciativa estadounidense toma fuerza con la llamada “Alianza del Pacífico” y desde el Atlántico se llevan adelante e impulsan los nuevos tratados comerciales con la Unión Europea.