Frente al olvido hay quienes acompañamos y resistimos

18.10.16

Frente al olvido hay quienes acompañamos y resistimos

No hay palabras con las que se pueda describir cómo se va tejiendo segundo a segundo la esperanza; pero tampoco las hay para cuando sientes como de la nada se te intenta derrumbar. La historia misma nos ha puesto en la difícil y dolorosa tarea de decidir entre un Si y un No; términos aparentemente tan ambiguos pero que rebosan en su contenido.  El SI y el NO nos ha unido y a la vez nos ha separado: sociedad, amigos y hermanos; pues frente a esta inevitable decisión del odio, se ha evidenciado que no estamos listos para perdonar; pues sobre el amor y la reconciliación no se nos ha enseñado.

El teatro ha llegado a ser no solo para mí, sino para otros jóvenes universitarios inquietos  la posibilidad y el instrumento con el que se nos ha permitido soñar y creer, y así lo hemos hecho. Durante cerca de cuatro años hemos venido caminando en el difícil trabajo de la creación colectiva, desde donde han nacido puestas en escena que se configuran y edifican alrededor de nuestros sentires; desde lo que nos toca, lo que nos rodea, lo que nos hace llorar y a veces reír. Hemos venido recorriendo también varios rincones de nuestra geografía, traspasando aquellas fronteras del Estado y la memoria que han intentado dividirnos haciéndonos parecer diferentes, incluso, nos hemos sumado al reto de romper con los enigmas de la historia, aquellos que nos han coartado de la posibilidad de llegar a algunos territorios que no han sido acreedores de la posibilidad ajena de sentirles, verles y tocarles;  como lo hacen los suyos quienes en medio de las experiencias amargas le lloran pero resisten.  

En la búsqueda del motor de arranque en nuestra movida, nuestras voces y cuerpos se han venido hilando en un juego teatral con el que persistimos en el no olvidar. Nuestra última experiencia ha sido trenzada de aquellas historias que sin posición de bando retratan la Colombia macheteada de nuestros abuelos, la que queremos no toque a nuestros hijos. La misma se convirtió en nuestra voz de confianza y de acompañamiento a los procesos de paz que se empezaron a edificar entre las partes de las FARC-EP y el Gobierno Nacional. En el mismo proceso, nos dimos a la tarea de llevarla por diferentes lugares tanto del área urbana como rural; en donde niños, jóvenes y adultos de  distintas instituciones educativas, universidades, cárceles y del común se dieron a la posibilidad de indagar en la memoria y cómo acto final de poder abrazar y llorar.

Frente a los asfixiantes  resultados y nuestro inmaduro acto de solvencia, se vislumbra un camino de retos donde la palabra y el cuerpo son nuestro mohín  revolucionario. Para algo hemos sido llamados, y por algo hacemos teatro. La sociedad ahora enfrenta una batalla ideológica en donde la desinformación y la patraña consiguen adeptos, el deber es ahora persistir y cultivar. Los sueños siguen y de lo único que no debemos impedirnos es de seguir soñando. 

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