Estrechando lazos: histórica normalización de las relaciones Cuba-Estados Unidos

Estrechando lazos: histórica normalización de las relaciones Cuba-Estados Unidos

Hace unos cuatro meses, una noticia conmocionó profundamente la geopolítica mundial: el 17 de diciembre de 2014, tras más de un año de gestiones, los presidentes de Estados Unidos y de Cuba anunciaron el comienzo de la normalización de sus relaciones diplomáticas. Los puntos más conflictivos: el embargo económico contra la isla que lleva más de cincuenta años, el intercambio de “espías”, el fin de las hostilidades y la exclusión de Cuba de la lista de países que apoyan al “terrorismo”.

¿Por qué?

Sin duda la gran pregunta que rondaba el día del anuncio era el “porqué” de la histórica decisión del presidente estadounidense, Barack Obama, de restablecer el vínculo con la isla luego de medio siglo de promover su aislamiento económico y político. Obama había anunciado al inicio de su mandato un “giro” de la política norteamericana hacia la región, pero rápidamente cayeron sus intenciones en saco roto al sopesar los conflictos existentes en otras regiones del mundo, como en Irak, Irán, Siria, Libia, Afganistán y Ucrania, por mencionar algunos, mientras conservaba la cuestionada base de Guantánamo, ubicada en territorio cubano y, decretaba una tibia modificación de la ley inmigratoria demanda hace años por millones de latinos residentes en Estados Unidos.

Es por ello que resulta difícil afirmar que la decisión de reestablecer relaciones diplomáticas con Cuba haya provenido de la espontánea “buena voluntad” norteamericana de abrirle los brazos a un nuevo vínculo con la isla; más bien, pareciera que la decisión respondió a la enfática presión mundial sobre Estados Unidos para revertir y levantar el embargo a Cuba. El  dato más claro en este sentido ha sido el creciente apoyo recibido por la isla en la Asamblea de las Naciones Unidas (ONU). Desde 1991, Cuba ha presentado ante este organismo el “Proyecto de Resolución contra el bloqueo” solicitando a la comunidad internacional que apoye el requerimiento a Estados Unidos de revocar el embargo. Desde 1992, cada año, la comunidad internacional se inclina crecientemente por la propuesta cubana, incrementándose la cantidad de países que abandonan la neutralidad de la abstención y votan a favor. Las últimas votaciones arrojaron el contundente número de ciento  ochenta y ocho países detrás de Cuba, dos en contra y tres abstenciones. La negativa proviene históricamente de Estados Unidos e Israel, pero la capacidad de veto de la potencia había logrado hasta el momento evitar la revisión de su posición.

El creciente apoyo global hacia la pequeña isla no puede aislarse de la coyuntura regional. En este sentido, hemos analizado en múltiples ocasiones como la política exterior en esta parte del mundo avanzó en el último quinquenio hacia una doble ruptura: por un lado, un alejamiento mayoritario de las “relaciones carnales” con Estados Unidos y, por otro lado, el progresivo acercamiento de varios países hacia la posición cubana. El ejemplo más claro es la construcción de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), fundada por el difunto presidente venezolano Hugo Chávez junto al histórico líder cubano Fidel Castro en 2004 buscando contrarrestar la fallida Alianza de Libre Comercio para las Américas (ALCA) promovida por Estados Unidos. La profunda sintonía entre ambos países autoproclamados socialistas le permitió a Cuba acceder a bienes fundamentales para la isla que resultaban inaccesibles debido al embargo que no sólo impide el comercio directo entre Estados Unidos y Cuba, sino que inhabilitaba a otros países a vincularse con la isla bajo la amenaza de la “enemistad” con el gobierno norteamericano.

Acompañando el desarrollo del ALBA se fundó en 2010, con otro carácter, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) que incluye entre sus miembros fundadores a Cuba. La CELAC tenía como objetivo construir una herramienta propiamente regional que asegurara la primacía de los intereses locales frente a la Organización de Estados Americanos (OEA) comandada por Estados Unidos.

Recalculando: terminar con un “enfoque anticuado”

En este sentido la creciente hostilidad mundial hacia la posición de Estados Unidos frente a Cuba forzó al primer mandatario norteamericano a revisar su postura. Durante su alocución el 17 de diciembre afirmaba:

Como uno de los cambios más significativos de nuestra política en más de cincuenta años, vamos a terminar con un enfoque anticuado que, durante décadas, no ha logrado impulsar nuestros intereses, y en su lugar vamos a empezar a normalizar las relaciones entre nuestros dos países (…) los Estados Unidos han apoyado la democracia y los derechos humanos en Cuba a través de estas cinco décadas. Lo hemos hecho principalmente a través de políticas que tenían como objetivo aislar a la isla,  impidiendo el viaje más básico y el comercio que los estadounidenses pueden disfrutar en cualquier otro lugar. Y aunque esta política se ha orientado con la mejor de las intenciones, ninguna otra nación se une a nosotros en la imposición de estas sanciones, y ha tenido poco efecto más allá de proporcionar el gobierno cubano con una justificación de las restricciones a su gente. Hoy, Cuba sigue siendo gobernada por los Castro y el Partido Comunista que llegó al poder hace medio siglo.

Sosteniendo el indeclinable argumento de que actuaron buscando lograr la “democracia” en Cuba, Obama reconocía crudamente que medio siglo de bloqueo en absoluto había logrado su objetivo, además de no lograr consenso en que el resto del mundo los acompañe en su política, es decir, reconocía el fracaso absoluto de sostener el embargo así como la imposibilidad de quebrar el rumbo de la revolución y el pueblo cubano.

El acuerdo: pasos e implicancias

Luego de medio siglo de políticas destructivas, “revertir” positivamente el vínculo resulta complejo. En este sentido, la primera acción propositiva para reestablecer relaciones fue la “devolución” de “espías” por parte de ambos países. Mientras Cuba liberó a prisioneros acusados de hacer espionaje e inteligencia así como de atentar en múltiples oportunidades contra la vida de Fidel Castro y la sociedad cubana, Estados Unidos liberó a los cinco prisioneros cubanos acusados de espionaje en territorio norteamericano a retornar a la isla.

Este hecho, de enorme simbolismo, fue acompañado por un decreto presidencial de Obama que habilitaba la prestación de servicios de internet y telefónicos de empresas norteamericanas en territorio cubano; viajes con fines laborales así como de visita a familiares por parte de cubanos residentes en Estados Unidos; el mayor envío de remesas a la isla, entre otras cuestiones. Todas estas medidas no suplen el principal problema de la persistencia del embargo, pero permitieron acercar posiciones. Por estos días la histórica asistencia de Cuba a la “Cumbre de las Américas”, generaba la expectativa sobre la salida del país caribeño de la “lista negra” norteamericana de países que apoyan actividades terroristas. Este hecho resulta fundamental para que el gobierno cubano habilite la apertura de una embajada norteamericana en La Habana.

La posición del gobierno cubano respecto al acuerdo ha sido cauta y dista de proyectar una “apertura irrestricta” al capitalismo norteamericano. El propio Raúl Castro, en la presentación del acuerdo, recordaba que el principal escollo no se removía por ahora:

He reiterado en múltiples ocasiones, nuestra disposición a sostener con el gobierno de los Estados Unidos un diálogo respetuoso, basado en la igualdad soberana, para tratar los más diversos temas de forma recíproca, sin menoscabo a la independencia nacional y la autodeterminación de nuestro pueblo (…) Esto no quiere decir que lo principal se haya resuelto. El bloqueo económico, comercial y financiero que provoca enormes daños humanos y económicos a nuestro país debe cesar.

Sin duda, el diálogo recién se inicia y el rumbo es incierto, más allá de lo positivo del acuerdo, la mayor responsabilidad de allanar el camino es de Estados Unidos, país que ha constreñido durante años a la isla.