El 7-10 bolivariano: consolidación local y puntal regional

17.10.12

El 7-10 bolivariano: consolidación local y puntal regional

Las elecciones del pasado 7 de octubre en Venezuela no fueron una elección más. Una oposición unida y con buenos pronósticos electorales, la década de Chávez en el poder pos intento de golpe de Estado, las implicancias regionales de sus políticas, entre otras cuestiones, dieron al evento electoral un cariz poco convencional. La profundización del proceso.

Las elecciones del pasado 7 de octubre en Venezuela que tuvieron como triunfador a Hugo Chávez no fueron una elección más, ni para el proceso político venezolano como para el presente político regional. La Revolución Bolivariana se sometió, una vez más, a una contienda electoral, logrando una nueva reelección, posibilidad que había sido habilitada por la aprobación de una enmienda constitucional en 2009. Por tener a una oposición unida que por primera vez lograba buenos pronósticos electorales, por cumplirse una década ya de Chávez en el poder luego del intento de golpe de Estado contra su gobierno, por las implicancias regionales de sus políticas, entre otras cuestiones, el evento electoral tomó un cariz poco convencional.

¿Qué se ponía en juego para el gobierno de Chávez y la Revolución Bolivariana? En primer lugar, la posibilidad, al menos por seis años más, de profundizar el llamado Socialismo del Siglo XXI, con sus aciertos en reducción de pobreza, analfabetismo, inclusión educativa y la construcción de soberanía regional, (apuesta fuerte a Unasur, construcción del ALBA e ingreso al Mercosur). En segundo lugar, poder lidiar con algunos de las tensiones internas que se vienen desplegando en este proceso político, como la relación entre liderazgo, vanguardias y movimiento, la dependencia de la renta petrolera y el tenso y polarizado clima político, tanto con la oposición política como, en términos sociales, con las capas medias altas y las corporaciones empresarias.

La propia contienda electoral había cobrado gran relevancia por las novedades generadas en la oposición. Era la primera vez, en trece años de Chávez como gobernante y más de una decena de elecciones transcurridas, que la oposición aparecía con chances reales de, si no alzarse con el triunfo, al menos estar disputando seriamente esa posibilidad. Recordemos que la crisis política iniciada con el Caracazo en 1989 y la llegada al gobierno de Chávez en 1999, terminaron de pulverizar a las dos fuerzas políticas tradicionales de la centroderecha y derecha venezolana (AD y Copei), que se venían alternando el poder desde el Pacto del Punto Fijo de 1958.

Luego del golpe de Estado contra Chávez que lo destituyera por dos días en abril de 2002, durante algunos años, la oposición no participó del proceso eleccionario, convocando en su lugar a la abstención. A partir de 2005, los principales actores de la oposición -como el empresariado nucleado en Fedecámaras, los grandes medios de comunicación y lo que quedaba de aquellas fuerzas políticas-, comenzaron a buscar figuras jóvenes y por fuera de los partidos tradicionales. Recién en 2006 tuvieron candidato propio (Manuel Rosales, hoy asilado en Perú por enriquecimiento ilícito) quién perdió por más de veinte puntos en la primera reelección de Chávez. Comenzaron también a dar batalla en las diversas elecciones por las reformas constitucionales y en los ámbitos locales. En este ciclo político electoral, el chavismo se alzó con todos los triunfos, salvo en el referéndum del 2007, que perdió por medio punto, donde se ponía en juego la habilitación a la posibilidad de reelección indefinida en el cargo de primer mandatario, que en 2009 fue puesta nuevamente a consideración con un triunfo del oficialismo como ya señalamos. Ahora, la oposición probó con Henrique Capriles Radonsky, ex gobernador del estado de Miranda, quién debió pergeñar un recurso discursivo forzado: prometió defender las políticas sociales de la revolución bolivariana para poder captar votos del chavismo.

Nucleados para esta elección en la Mesa de la Unidad Democrática, la oposición obtuvo el 44,27 % de los votos, contra un 55,11 % a favor de Chávez. No obstante la clara ventaja que logró el chavismo, muchos votos que tomó Capriles provinieron de habituales votantes del presidente, convirtiéndose este dato en parte de los desafíos que el gobierno bolivariano tendrá que encarar. Otro dato llamativo lo constituye la altísima participación electoral: votó un 80 % del padrón habilitado, en un país donde el voto no es obligatorio. Esto habla del proceso de politización que tuvo lugar con la Revolución Bolivariana, ya sea para apoyarlo o para oponerse.

Más allá de las implicancias locales, las elecciones en el país caribeño se convirtieron en un hecho político electoral de toda la región, generando alineamientos a favor de Chávez, no sólo de varios gobernantes, sino de amplias fuerzas políticas de países como Argentina, Bolivia, Brasil, Chile y Uruguay y, al mismo tiempo, alineamientos en contra, por lo general, de las fuerzas políticas de derechas de la región –específicamente del Cono Sur–, de las organizaciones empresariales y de los grandes medios de comunicación. Es que Venezuela ha sido un actor político de peso en el escenario  regional, lugar y rol que se pusieron en discusión. Sólo para recordar, Chávez fue el primer gobernante que, con una región imbuida de gobiernos neoliberales, allá por el año 2000, comenzó a cuestionar el Consenso de Washington y el proyecto norteamericano de libre comercio: el ALCA. Política que se profundizó con la oposición a Bush en la Cumbre de Mar del Plata, en 2005, con el acercamiento a Cuba y a Bolivia en el marco del ALBA y con la búsqueda de estrategias comunes con los vecinos de la región (principalmente Argentina y Brasil), y a pesar de los diferentes procesos políticos en curso en cada uno de estos espacios. Así, con los resultados del pasado 7 de octubre, estas tendencias no solamente continuarán sino que seguramente serán profundizadas, porque han sido un sostén importante del gobierno bolivariano.