Brasil: lo democrático y lo normal

07.09.16

Brasil: lo democrático y lo normal

Una presentación

Pocos años después del golpe de estado sufrido en 2002, Hugo Chávez deslizó la idea de que lo que también se buscaba en aquél episodio era impedir la elección de Lula como presidente de Brasil, “para activar un efecto dominó contra-revolucionario en América Latina, pero no lo consiguieron”.[i] Lula, quien por ese entonces se encontraba en el tramo final de su candidatura ―la cuarta, vale decir: todas las instancias electorales de la posdictadura―, daría inicio en 2003 al período de mayor inclusión social en la historia brasilera. Trece años más tarde, su sucesora es destituida luego de un proceso que deformó los principios constitucionales, democráticos y populares, a tal punto que el único término común para designar lo que ha sucedido es “golpe”. En una tradición sincopada, los titulares de los medios latinoamericanos declaman el final irreversible del gobierno de Nicolás Maduro, sucesor de Chávez, “acosado por las multitudes que exigen su renuncia”. Al destino latinoamericano le sangran sus simetrías.  

Proceso dinámico y contradictorio, en ocasiones tibio, en otras alentador, los años transcurridos entre la asunción de Lula y el impeachment antidemocrático contra Dilma Rousseff movilizan una serie de preguntas simples y complejas a la vez: ¿se trató de una revolución? ¿Constituyó un verdadero avance para el campo popular? ¿Fue meramente un bonapartismo? Como en todos los casos, las respuestas varían en función a quién las formule, con qué grado de aumento en la lupa o con cuántos dedos escépticos tapándoles un ojo.[ii] Ahora bien, frente a los episodios de los últimos tiempos queda al menos despejada la caracterización del enemigo más inmediato. Tal vez el mejor equilibrio entre las consideraciones inherentes al devenir del Partido de los Trabajadores (PT) y su relación con los destituyentes está en la frase de Immanuel Wallerstein, quien considera que el PT fue “bastante menos radical de lo que sus oponentes temían, pero lo suficiente radical como para hacerlos desear, implacables, su destrucción”.[iii]

En las notas de João Pedro Stédile y Frei Betto, ofrecidas a continuación, resuenan dichas complejidades. Ambas condenan de manera explícita y directa a la ruptura democrática, pero al mismo tiempo pueden advertirse las diferentes subjetividades puestas en juego. Mientras que Stédile enumera las batallas y los desafíos que depara el porvenir más inmediato, haciendo un llamado a la acción para contrarrestar los efectos del nuevo gobierno fraudulento, Betto entrega unas breves y lacónicas reflexiones personales, con un aparente dejo de resignación. Acaso Stédile, uno de los principales líderes del MST ―movimiento que no se caracteriza justamente por una adhesión incondicional y permanente al PT―, entienda que de ninguna forma el nuevo panorama va a ser favorable a los proyectos propios del movimiento rural, una verdadera reforma agraria.[iv] De esta forma, superpone o mixtura en un mismo frente ―un “nosotros” inclusivo― las luchas que ha ofrecido el PT y sus seguidores con aquellos otros que subyacen en los programas históricos de los colectivos populares. La urgencia de los tiempos así lo pide, según Stédile: o se avanza en lo inmediato y en conjunto, o se asiste a la resurrección de un neoliberalismo puro y duro, cardosista. Betto se limita a destacar el rechazo de las peticiones que él ―junto a otras personas vinculadas a la Teología de la Liberación― le habían realizado a Dilma a comienzos de su segundo gobierno. En esa ocasión, el último de los cuatro momentos que el teólogo enumera, presintió “la derrota de su gobierno”. Frei Betto, uno de los principales articuladores del Fome Zero ―quizá el más exitoso de los programas sociales de los años petistas―, evidencia el desencanto por el alejamiento del gobierno de sus bases populares. En otro artículo, días atrás, sostiene de manera directa que: “Si el PT hubiera valorado, a lo largo de los últimos 13 años, a las dirigencias populares de izquierda, hoy tendríamos un Congreso progresista y con muchas menos figuras ridículas. Pero prefirió realizar alianzas no confiables, de las cuales ahora es víctima”.[v]

Un caso aparte, y relevante para cualquier discusión política actual, es el del vínculo entre los medios de comunicación y la política. En este sentido presentamos el artículo de la profesora y ensayista Ivana Bentes, publicado originalmente en Brasil de Fato y traducido para Todo América. Bentes analiza las estrategias puntales que adoptaron los grandes medios brasileros para operar ―vale la ambigüedad― en la coyuntura política destituyente. Si bien el estudio se enfoca puntualmente en Brasil, los objetivos generales, los recursos y los procedimientos se hermanan con otras realidades del continente, tanto en su actualidad como en sus similitudes históricas.

Mención especial para la tan mentada y reflotada noción de “normalidad” luego de cada golpe de estado.[vi] Pareciera que la burguesía latinoamericana se esfuerza en sentenciar, cual parodia perversa de Benjamin, que la normalidad es el freno de emergencia al avance democrático de los pueblos. La normalidad entendida como un despliegue del capital sin restricciones: esto subyace en las trampas narrativas que impusieron la voluntad de 61 personas contra la de 54 millones.

La imagen que acompaña esta introducción pertenece a la dibujante Laerte Coutinho, y fue publicada en septiembre de 2015, anticipando con genialidad la oscuridad al final del túnel. De la risa que sacude el cuerpo al observarla se desprenden las marcas de la época, y en el caso de las derechas latinoamericanas las de un siniestro aprendizaje.  

 

¡Fuera Temer, aunque tarde!, por João Pedro Stédile

Dilma: destitución consumada por oposición derrotada, por Frei Betto (traducción de Lucas Benielli)

Los medios brasileros construyeron una narrativa novelizada del impeachment, por Ivana Bentes (traducción de Lucas Benielli)

 

 
 


[ii]Desde el concepto de “hegemonía invertida” propuesta por el sociólogo Chico de Oliveira, hasta la idea de “revolución pacífica” del teólogo Leonardo Boff, las maneras de pensar y caracterizar a los gobiernos petistas han fluctuado en el mismo tándem de los acercamientos y divergencias entre los actores del campo popular durante todos estos años, por lo que no es de extrañar que la mayoría de voces hoy día se encuentre alineada con el PT, y que más allá de la solidaridad de aquellos que acompañan siempre se enfatice la necesidad de cambios profundos al interior del partido.

[iv]Sobre esto, no debe olvidarse que hacia finales de 2013 la coordinación del PT sostenía que ese año había sido el peor de todos los que había gobernado Dilma en relación al MST y su proyecto de Reforma Agraria (véase http://www.alterinfos.org/spip.php?article6439). Advertido el reclamo, y en pos de la campaña electoral del 2014, en el mes de Febrero Dilma volvió a acercarse al movimiento para reanudar las conversaciones; la coyuntura en torno a la reasunción despejó cualquier posibilidad de avance.