América Latina, de pie frente al mundo

América Latina, de pie frente al mundo

¿Qué sucedió en los últimos encuentros de la Unasur? ¿Cómo interpretar los precisos movimientos dados por el G-77+China y por el BRICS? ¿Puede América Latina ser un polo de "estabilidad y paz" en un mundo convulsionado por una cantidad de guerras simultáneas sinigual? ¿Qué rol juega China? Leé el análisis de Flor Socoloff en Todo América.

Sin duda América Latina ha adquirido un papel central tanto política como económicamente frente a la actual coyuntura mundial de caos y desconcierto. El mundo del desorden reina hoy, con un sistema financiero mundial colapsado desde la crisis de 2008 y con tensiones políticas de gran envergadura que estallaron en formas violentas en Ucrania, Franja de Gaza, Irak, Libia, por nombrar sólo algunas zonas del mundo. Ante este difícil escenario global, un dato no menor es que América Latina se encuentra hoy (junto con Oceanía) al margen de conflictos bélicos, destacándose los “Diálogos de Paz” entre el gobierno Colombiano encabezado por el recientemente re-electo Juan Manuel Santos y los líderes de la guerrilla colombiana FARC que se vienen realizando en La Habana, Cuba, con el objetivo de dar fin a años de enfrentamiento bélico interno en dicho país.

Bajo este complejo contexto de relaciones mundiales, se realizaron en América Latina, dos importantes encuentros políticos, que han puesto a nuestra región en el centro de la atención mundial: por un lado, la Cumbre del G-77 que contó con la presencia de China realizada en la ciudad de Santa Cruz, Bolivia y; por el otro, la Primera Cumbre de los países alineados en el BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en la ciudad de Fortaleza, Brasil, y luego con los países de la Unión de Naciones del Sur (UNASUR) realizada en la ciudad de Brasilia, Brasil. Ambos encuentros, que contaron con la presencia de los principales mandatarios de la región, pusieron en evidencia el rol destacado de América Latina, en un orden mundial en pleno proceso de reestructuración.

G-77 más China: demandando un nuevo orden.

Durante el mes de Junio se realizó la 50va Cumbre del G‐77 en Santa Cruz, Bolivia, donde participaron delegaciones de casi 120 países de los 133 que hoy integran dicha alianza política. La reunión tiene una trascendencia mundial porque reúne a dos tercios de los países integrantes de la ONU, además de la participación de la República Popular China en carácter de invitada estratégica. Aún más significativo resulta que la Cumbre haya tenido lugar en Bolivia, país que ha logrado en los últimos años revertir -en gran medida- largos años de dominación e intervención directa norteamericana, quién explotó indiscriminadamente su población –con enormes niveles de analfabetismo y pobreza extrema- y sus principales recursos naturales: minerales y gas. El encuentro giró en definiciones políticas por parte de sus integrantes respecto del rumbo que el orden mundial debería adoptar, haciendo hincapié en la lucha contra la desigualdad y la pobreza.

En este sentido la Declaración Final, sugestivamente denominada, “Por un Nuevo Orden Mundial para Vivir Bien” afirmaba en relación al sistema mundial “Creemos que el mundo se enfrenta a la peor crisis financiera y económica desde la Gran Depresión, y nos alarman los efectos adversos que está teniendo esta crisis sobre todo en los países en desarrollo. Creemos que la crisis ha puesto de relieve puntos débiles y desequilibrios sistémicos de larga data de la economía mundial, y ha puesto más de manifiesto la insuficiencia y el carácter antidemocrático de la gobernanza económica mundial. Deben hacerse ahora nuevos intentos para establecer un sistema adecuado de gobernanza económica mundial, con la plena expresión, representación y participación de los países en desarrollo en los debates y la adopción de decisiones” (18vo. Punto). Enfatizando el rumbo imprevisible de la economía mundial, se cuestionaba a la vez la inequidad en la toma de decisiones. Afirmaban a su vez que, como consecuencia de la ingobernabilidad de la crisis financiera, “Nos preocupa el aumento de la concentración de la riqueza y los ingresos en el mundo y su distribución asimétrica, que han creado grandes desigualdades entre los países desarrollados y los países en desarrollo. Este grado de desigualdad es injustificable y no puede tolerarse en un mundo donde la pobreza sigue prevaleciendo, los recursos se están agotando y la degradación del medio ambiente es cada vez mayor. Pedimos que se adopten medidas a escala mundial para reducir las desigualdades a todos los niveles. También nos comprometemos a hacer frente a la desigualdad en nuestros propios países”(20vo. Punto).

El acento puesto en los desequilibrios provocados por el actual sistema mundial eran acompañados por una propuesta respecto a cómo comportarse para lograr -a escala mundial- un desarrollo económico equilibrado en consonancia con la naturaleza “Reconocemos que la Tierra y sus ecosistemas son nuestro hogar y estamos convencidos de que, para alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras, es necesario promover la armonía con la naturaleza y la Tierra”(31vo. punto).

En este sentido un punto que rondó la reunión fue el aporte del presidente de Bolivia, Evo Morales, así como de los representantes de Ecuador en formular los alcances y expectativas del “Vivir Bien” cómo fórmula, “necesitamos construir una visión distinta del desarrollo occidental capitalista, transitando desde el paradigma del Desarrollo Sostenible al paradigma del Desarrollo Integral para Vivir Bien, que busca no sólo el equilibrio entre los seres humanos, sino el equilibrio y la armonía con nuestra Madre Tierra [ya que] ningún desarrollo es sustentable si la producción destruye la Madre Tierra, ya que es la fuente de la vida y nuestra existencia. Ninguna economía es duradera si produce desigualdades y exclusiones [por lo cual] ningún progreso es justo y deseable si el bienestar de unos es a costa de la explotación y la miseria de otros” (Miradas al Sur 22/06/2014).

Las posiciones adoptadas por el grupo no renegaban de reconocer las deficiencias que cada uno de los países ha tenido en reducir los niveles de pobreza y mejorar las condiciones de vida de su población así como asegurar el desarrollo “sustentable” en concordancia con la naturaleza. Sin embargo, al poner en evidencia la profunda dominación bajo la cual muchos de estos países han subsistido, manifestaban la necesidad de profundizar la independencia económica y social frente a las potencias de antaño, debiendo para ello profundizar los acuerdos Sur-Sur, así como la creciente integración de los mismos. La Cumbre sintetizó así el espíritu de los países “en desarrollo”, incluidos los más empobrecidos del nivel mundial, conteniendo a América Latina, África, Medio Oriente y Asia.

Aliados estratégicos frente al caos: BRICS-UNASUR.

Como mencionábamos, la Cumbre del G-77 logró expresar el “sentimiento” de la mayoría de los países “en desarrollo” y “sub-desarrollados”, descontando la presencia de China, poniéndo en evidencia crudamente los límites que, para el Sur-Sur posee el actual sistema mundial, donde éstos países han sido relegados de las decisiones “trascendentales” respecto al devenir de las relaciones internacionales pactadas entre las principales potencias mundiales economías alineadas en el G-8 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido, Rusia – temporalmente excluido luego de la crisis en Crimea). 

El peso sin duda de este grupo resulta centralmente político en la correlación de fuerzas mundial, considerando en que acuerdan posiciones frente a la ONU para afrontar los conflictos que los agobian.

En cambio, un peso distintivo en términos políticos y económicos tuvo la VI Cumbre de los países alineados en el BRICS, a la cual asistió también Argentina invitada por Rusia. Y, posteriormente, la Reunión BRICS-UNASUR. En consonancia con el peso mundial de sus miembros, la Cumbre BRICS realizada en Fortaleza, fue acompañada por una gira previa de Xi-Jinping, presidente de China, y Vladimir Putin, presidente de Rusia, por Argentina, Venezuela, Brasil y Cuba donde se consolidaron acuerdos económicos con los tres primeros países, fortaleciendo con Cuba la alianza política.

La Cumbre, centralmente permitió fortalecer el acuerdo en varios aspectos: en primer lugar, frente al mundo se arribaron conclusiones y definiciones respecto a los conflictos bélicos como ser el caso de Ucrania, Libia, Irak, Franja de Gaza, etc,; por otro lado, definiciones económicas respecto a los organismos multilaterales de crédito y, tercero, fortalecer los lazos políticos con América Latina.

Con respecto al primer punto resultó central, por el papel de Rusia en la crisis de Ucrania así como el año pasado en la mediación en Siria, el apoyo recibido por los países del bloque al sostenimiento de la paz a nivel mundial con asiento en las discusiones en la ONU. En este sentido, contra las invasiones promulgadas por EEUU, apoyada en muchas de sus intervenciones por la Unión Europea, se consolidaba un sub-bloque de orden mundial cuestionando las decisiones unilaterales de EEUU así como condenaba los ataques perpetrados por Israel en la Franja de Gaza. En este sentido, América Latina, se afirma como actor político de peso a escala mundial, escindiéndose de sus aliados históricos (EEUU-UE) para afirmar su autonomía así como apoyar a este nuevo bloque.

El 5to. Punto de la Declaración Final afirmaban su rol como bloque en un contexto de conflictividad política creciente unido a conflictos bélicos así como marcar la apertura de una nueva etapa de hegemonía, “las estructuras de gobierno internacionales diseñados en un entorno de potencia distinta demuestran signos cada vez más evidentes de pérdida de legitimidad y eficacia, mientras que las disposiciones transitorias y ad hoc se vuelven cada vez más frecuentes, a menudo a expensas del multilateralismo. Creemos que BRICS es una fuerza importante para el cambio y las reformas necesarias de las instituciones existentes hacia las más representativas y equitativas, capaces de generar un crecimiento global más inclusivo y proporcionar una gobernanza mundial estable, pacífica y próspera”.

Respecto del peso económico del bloque, resulta evidente el incremento del peso de China y Rusia como economías emergentes, determinantes en el concierto mundial. Pero fundamentalmente, ambos países han afirmado su compromiso como potentes inversores de la región. Centralmente el aporte de China ha permitido profundizar desarrollos en infraestructura, así como convertirse en un gran comprador de materias primas que abundan en nuestra región.

En este sentido, el paso trascendental que el bloque logró dar fue la constitución de nuevos organismos multilaterales de crédito. En este sentido afirmaban la construcción de un nuevo Banco de Desarrollo con un capital autorizado inicial de 100.000 millones dólares, con el objetivo de “movilizar recursos para proyectos de infraestructura y el desarrollo sostenible en los BRICS y otras economías emergentes y en desarrollo” (Pto. 11 Declaración Final). Dos aspectos resultan fundamentales, por un lado, criticaba el accionar de los tradicionales organismos multilaterales de crédito existentes -centralmente al FMI- en tanto su incapacidad de dar respuesta a las necesidades de los emergentes “Continuamos decepcionados y gravemente preocupados por la falta de aplicación de reformas en el Fondo Monetario Internacional (FMI) acordadas en 2010, lo que repercute negativamente en la legitimidad, credibilidad y eficacia del Fondo. El proceso de reforma del FMI se basa en compromisos de alto nivel, que ya se han fortalecido los recursos del Fondo y también debe conducir a la modernización de su estructura de gobierno con el fin de reflejar mejor el peso creciente de las economías de mercados emergentes y los países en desarrollo la economía mundial” (18vo. Punto de la Declaración Final).

En segundo plano, el acento era apoyar a los países que han sido excluidos y/o subordinados del crédito mundial. De igual forma creaban un Fondo de Reserva para los posibles imprevistos en que puedan caer los países del bloque. Pero fundamentalmente reafirmaban la necesidad de democratizar y abrir las entidades internacionales a los desafíos de una nueva estructura financiera mundial reordenada centralmente después de la crisis desatada en 2008, así afirmaban “abogamos por una arquitectura financiera internacional que conduzca a la superación de los retos en materia de desarrollo. Hemos sido muy activos en la mejora de la arquitectura financiera mundial a través de nuestra coordinación multilateral y nuestras iniciativas en materia de cooperación financiera que, de forma complementaria, aumentan la diversidad y disponibilidad de los recursos para promover el desarrollo y garantizan la estabilidad de la economía mundial” (19vo. Punto de la Declaración Final).

Planteado así el panorama luego de la Cumbre de los BRICS, la reunión anunciada con los primeros mandatarios latinoamericanos que conforman la UNASUR reafirmó la consolidación de nuevos acuerdos geopolíticos en donde América Latina se alejó del ala de Estados Unidos, operando a favor de una nueva hegemonía mundial. Al encuentro se incorporaron Evo Morales, presidente de Bolivia, Michelle Bachelet, presidente de Chile, Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, Rafael Correa, presidente de Ecuador, Donald Ramotar, presidente de Guyana, Horacio Cartes, presidente de Paraguay, Ollanta Humala, presidente de Perú, Dési Bouterse, presidente de Surinam, José Mujica, presidente de Uruguay y Nicolás Maduro, presidente de Venezuela; a la cual fueron invitados también los países de la Comunidad del Caribe (CARICOM). Es decir, se dio de hecho una cumbre con el pleno de los países latinoamericanos, aunque bajo su forma sub‐regional.

El encuentro en Brasilia se realizaba con forma de primera instancia de foro, sin una declaración oficial "de peso", pero sí se dejaba traslucir públicamente la importancia de su realización a través de las declaraciones de algunos mandatarios como el venezolano Nicolás Maduro, quien afirmaba que la reunión de los países latinoamericanos con el quinteto BRICS es “una alianza para la paz y la prosperidad, que también puede ayudar a consolidar una nueva arquitectura financiera que beneficie el desarrollo económico en condiciones de equidad. (…) Se trata de una alianza de ganar y ganar, de los que en el pasado fuimos países dominados y ahora somos países y bloques emergentes”. Y agregaba: “Las entidades financieras tienen el mismo objetivo: La construcción de una nueva arquitectura financiera que beneficie el desarrollo económico en condiciones de equidad para nuestros países; donde se acabe el capital especulativo financiero, donde se acabe el saqueo de nuestras economías y comience a promoverse la inversión productiva, creadora de trabajo y de riquezas” (El Tiempo de Colombia  16/07/2014).

En este sentido, quedaban definidas las bases económicas de los acuerdos alcanzados con las principales economías del grupo BRICS, que se expresan hoy en diversos proyectos energéticos, industriales y comerciales de carácter estratégico, varios de los cuales ya están en marcha hace algunos años, como por ejemplo, el que acuerdo entre China con la República de Nicaragua para la construcción de una mega‐obra de ingeniería en este siglo: el canal bioceánico que atravesará la nación centroamericana, compitiendo comercialmente con el histórico Canal de Panamá, creado y explotado por los estadounidenses por casi un siglo.

Apreciaciones…

Claro resulta que el complejo panorama mundial, ciclo abierto desde las caída del Muro de Berlín y profundizado por la actual crisis del sistema capitalista desnudada desde 2008, ha reacomodado las fuerzas a nivel mundial. Durante más de treinta años bajo el avance del neoliberalismo América Latina quedó subordinada y dividida por las crisis internas, marcadas por la transición democrática y la crisis económica. Hacia el nuevo milenio bajo el ascenso de las luchas de los pueblos latinoamericanos, las crisis han podido comenzar a cicatrizarse en procesos de reafirmación nacional así como la integración regional.

Esto ha permitido que nuestra región haya logrado una estabilidad económica y política capaz de infundir un nuevo respeto en el mundo. Si bien las carencias y las dificultades para consolidar procesos de larga data son enormes, bajo el contexto mundial, América Latina ha logrado consolidar su autonomía política, desechando aquellos vínculos de dominación tradicional norteamericana, siendo un actor de peso hoy en un momento donde el mundo discute la necesidad de redefinir el orden mundial. 

[imagen: diarioregistrado.com]