“Se metieron con la generación equivocada”: acerca del carácter (inter)generacional de la movilización ciudadana en Guatemala 2015

16.09.15

“Se metieron con la generación equivocada”: acerca del carácter (inter)generacional de la movilización ciudadana en Guatemala 2015

Continuando con el análisis sobre la coyuntura actual de Guatemala, Leslie Lemus enfoca la mirada en el rol protagonizado por los jóvenes que intervienen en las movilizaciones, indagando acerca de sus características, perspectivas y encrucijadas.

Con mucha frecuencia suele atribuírsele a las juventudes un rol central en la movilización para el cambio social. Sin embargo esta es una idea que debe ser matizada e interpretada históricamente. Se debe prevenir de esencializar a los sujetos políticos desdibujando su contexto y legados. En última instancia, ser joven más que una marca identitaria es una relación social, es la expresión de la jerarquía con base a la edad. Como bien decía Bourdieu, los jóvenes son “los recién llegados” y eso muchas veces conlleva la adopción de posiciones beligerantes frente al statu quo, es una lucha por abrir los espacios pero nunca un llamado “natural”.

Con estas ideas en mente habría que acercarse a interpretar la actual coyuntura guatemalteca, y en específico el carácter del movimiento ciudadano que desde abril de 2015 se ha movilizado en torno a las demandas por justicia frente a los flagrantes casos de corrupción.

 

Coyuntura y viejos actores: transfiguraciones

Varios análisis –publicados en diversos espacios y medios de comunicación guatemaltecos e internacionales- han mostrado contundentemente que las personas y estructuras criminales señaladas como responsables del enorme fraude fiscal al Estado de Guatemala tienen vínculos directos con la institución militar y las organizaciones paramilitares que fraguaron la guerra contrainsurgente vivida en el país durante la segunda mitad del siglo XX.

El balance es que la democracia, pactada por élites económicas y militares hace casi tres décadas, no implicó una real transformación política y social sino únicamente un reacomodo y recomposición de grupos de poder.

Sí, el pasado sigue estando presente y se manifiesta tanto en la crisis del Estado –la imposibilidad de cumplir con los derechos más elementales de la ciudadanía: salud, educación, seguridad, entre otros- como en el irrespeto a la vida y la libertad a través de su accionar represor –por ejemplo, la persecución a los movimientos comunitarios de defensa del territorio frente a la industria extractivista-, sin dejar de mencionar la forma en que las entidades de gobierno han sido cooptadas por estructuras de crimen organizado a todo nivel.

El Estado contrainsurgente se transfiguró en un Estado criminal, pero sin cambiar de actores.

 

Coyuntura y nuevos actores: perfil y legados

A pesar de lo abrumador que pueda ser el diagnóstico anterior, la actual coyuntura también ha traído novedades que resultan esperanzadoras. Quizá el acontecimiento más visible ha sido la irrupción en el espacio público de la que parece ser una nueva generación. Ahora bien, habría que preguntarse ¿quiénes son estos sujetos que enarbolan la consigna “se metieron con la generación equivocada”? ¿y qué significado tiene esta consigna en el momento actual?

Se trata de una generación nacida en el contexto del fin de la guerra, es decir que no experimentaron de manera directa la violencia política mas no quiere decir que no vivieran sus legados. Por ejemplo, han crecido en la contradicción del silencio acerca del pasado y la disputa por la memoria y la justicia.

Ellos y ellas, han experimentado en carne propia el deterioro de los servicios públicos –como la educación- asimismo que el incremento de un tipo de violencia que ha sido atribuida a la delincuencia –pero que claramente tiene nexos con los actores del pasado- y que ha constreñido sus posibilidades de ocupar el espacio público –desde el simple hecho de salir a la calle hasta el fantasma del miedo a la participación que les ha sido transmitido por las generaciones que les preceden-.

En términos políticos, han atestiguado la persistencia de la polarización. Conocen los discursos de izquierdas y derechas, muchas veces enarbolados por viejos actores, pero no necesariamente los descifran pues no hacen referencia a su vivencia concreta. Sus inquietudes y preocupaciones parecen trascender esta antigua polaridad –y esto no quiere decir que deba atribuírseles una inexistente postura de “centro” sino es un llamado a buscar otros esquemas para interpretar los mapas políticos en los que desarrollan su experiencia-.

Sus preocupaciones no son estrictamente “juveniles” o sectoriales, son societales. Les preocupa la educación, el respeto a la madre tierra, la situación económica, la apertura de espacios y la renovación generacional en la participación, entre otros. Quizá por ello, son una generación que tiene grandes posibilidades de tender puentes y tejer los hilos de un tejido social que habían estado rotos.

Por ejemplo, el 20 de mayo de 2015 varias organizaciones campesinas e indígenas convocaron a una marcha nacional cuyas consignas integraban las luchas históricas de estos movimientos con el descontento por los casos de corrupción recientemente rebelados. Apenas el 16 de mayo, la clase media urbana de la ciudad capital se había movilizado en una de las concentraciones públicas más grandes de esta coyuntura. Inmediatamente varios columnistas conservadores y de derechas, que tradicionalmente han fungido como formadores de opinión para las clases medias, iniciaron una campaña de estigmatización de la marcha –utilizando prejuicios y representaciones clasistas y racistas-, deslindándola de las recientes movilizaciones urbanas.

La respuesta de las organizaciones juveniles y estudiantiles fue en sentido contrario. Éstas decidieron sumarse solidariamente a la convocatoria –incluso utilizando consignas como “esta lucha también es nuestra”-. Debe recalcarse que en las movilizaciones que se han dado durante más de cinco meses, las organizaciones juveniles han estado activamente presentes. No hay que perder de vista que no se trata únicamente de jóvenes en medios urbanos o universitarios sino de todas partes del país. Asimismo que el protagonismo actual no surgió por simple espontaneidad. Esta generación -a la que muchas veces se creyó indiferente, apática y desmemoriada- ha estado presente desde hace algún tiempo en distintos niveles, luchando por abrir espacios y tender puentes intergeneracionales.

 

Las encrucijadas a las que se enfrenta la “generación equivocada”

El significado de la consigna pretende señalar que esta generación no permitirá que se cometan los abusos del pasado y del presente –ésta además ha sido utilizada por otros movimientos como “Yo Soy 132” en México-. Hay una disputa por el futuro. Sin embargo, este futuro, incierto y promisorio, les plantea paradojas que deben enfrentar.

La primera de éstas es su propia organización. Si bien, han manifestado su cansancio y descreimiento en las formas verticales, autoritarias y clientelares de la política actual, las distintas expresiones organizativas de esta generación deberán encontrar formas efectivas de llevar a la práctica principios políticos como la horizontalidad, la pluralidad y la inclusión. Su inconformidad no garantiza evitar los errores del pasado, es necesario el compromiso –que implica paciencia y persistencia- y la creatividad para construir una nueva realidad.

La segunda encrucijada a resolver es la de las alianzas: interclasista, interétnica, multilocal. Es una generación que cuenta con herramientas poderosas de movilización –por ejemplo, la familiaridad con las tecnologías de la comunicación y la información- así como han demostrado poseer grandes inquietudes por ir más allá de los prejuicios que les han sido legados.

La tercera encrucijada es la de fortalecer las habilidades de lectura política e interpretación de la realidad. Por ejemplo, con ocasión de los resultados de la primera vuelta electoral del 6 de septiembre de 2015 ha circulado una consigna que sarcásticamente acusa a la “generación equivocada” de colocar con su voto al “caballo de Troya” que prolongaría la crisis[i] –siendo que el padrón electoral es mayoritariamente joven-. Es imperiosamente necesario ir más allá de las apariencias.

A pesar de todo, del peso de los legados y las contradicciones, esta generación parece tener en su horizonte una gran oportunidad para escribir una nueva historia en el país, sin que esto signifique que es su exclusiva responsabilidad pues esta vez nos toca a todos y todas.

 

Leslie Lemus es centroamericana nacida en Guatemala, con formación en Ciencias Políticas y Sociales. Ha sido investigadora de la Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales. Actualmente es estudiante de doctorado en sociología.



[i] Ver: “El candidato y su relación con los militares” publicado el 5 de septiembre de 2015 por el Centro de Medios Independientes acerca de Jimmy Morales, el candidato a la presidencia que ocupó el primer lugar en el evento electoral reciente. Puede accederse en: https://cmiguate.org/el-candidato-y-su-relacion-con-militares/.