¿Qué tendrá ese paisito?

27.05.16

¿Qué tendrá ese paisito?

Uruguay, el país más pequeño de América del Sur, con sus menos de cuatro millones de habitantes, no deja de ser un motor del progresismo en tiempos donde todo parece sucumbir bajo la ola neoliberal.

       Quién diría que ese país, que surgió de la negociación entre el Imperio Brasileño y las Provincias Unidas en 1828, diese tanto de que hablar… Cuna de ilustres pensadores que continuamente son rememorados en cualquier tertulia cultural a lo largo y ancho de este continente; obras de Galeano, Benedetti, Páez Vilaró, Trías, Zitarrosa, Torres García, Onetti aún empapan nuestra vida, casi sin proponérselo.

      Esta historia de progresismo comenzó hace ya muchos años con aquel viejo caudillo colorado que, en los albores del siglo XX, sentó las bases políticas del país decretando la nacionalización de la banca y los ferrocarriles, el descanso dominical y las jornadas laborales de ocho horas. Don Batlle y Ordoñez, el ilustre presidente quien además, revolucionó la historia laica uruguaya a través de la promulgación de la ley de divorcio; aquella que en un mundo de tangos y arrabales, le dio voz a la mujer en la relación.

       Algunos, mientras comienzan a navegar por éstas líneas, dirán: No se olviden de él, que sin él no habría nada!! Claro, cómo no mencionar al padre de la criatura, al artífice del reglamento provisorio, a aquel errante oriental que luchó contra españoles, portugueses y porteños para terminar siendo traicionado por Ramírez, su mano derecha, en 1820; golpe que dolió más que la derrota en Tacuarembó, y lo empujó a consumir sus últimos años -30- lejos de la política, en medio de la selva paraguaya. Triste final para Gervasio Artigas, el Protector de los Pueblos Libres.

       Pero cuidado, no todo es historia, en los últimos años Uruguay también ha dado de que hablar al mundo entero. Mientras sus vecinos discuten sobre Panamá paper`s, impeachment, “la rosadita” y hasta de una “base logística” norteamericana en Ushuaia,la otrora Suiza de América celebra el tercer mandato consecutivo del Frente Amplio (FA); coalición de centro izquierda que logró unir a democratacristianos, socialistas, comunistas, ex tupamaros e independientes.

       Desde su llegada al Poder Ejecutivo, en 2005, el Frente ha iniciado un proceso de ampliación y participación ciudadana tanto en materia política como económica; claro que no lo rápido y directo que se quisiera, pero aún con sus imperfecciones, sus logros son incontrastables. Los planes CEIBAL y Juntos, la ley de interrupción voluntaria del embarazo (18.987), el arribo de seis refugiados políticos de Guantánamo, y la ley Cannabis (19.172) son algunos ejemplos de sus conquistas. En cuanto a los fríos números, las cuentas también dan a su favor: la disminución de la mortalidad infantil que pasó de 12,7% en 2005 a 7% en 2015, como así también la caída de la incidencia de la pobreza en los hogares de un 6,4%, en el 2015; siendo que hasta hace pocos años no bajaba el porcentaje de los dos dígitos.

      No todo es color de rosas, existen conflictos y tensiones dentro del Frente Amplio; el costo de vida sigue subiendo, la poca transparencia en el caso de laaerolínea de bandera uruguaya PLUNA aún deja tela para cortar, la disputa por el presupuesto educativo continua más que vigente, las inversiones extranjeras en Bótnia y Aratirí aún suscitan polémicas. Pero, a pesar de aquellos baches en el camino, como señala aquel viejo poema de Amado Nervo: “hallé sin duda largas las noches de mi pena; más no me prometiste tú sólo noches buenas, y en cambio tuve algunas santamente serenas”.

      En este dos mil dieciséis, donde los Keiko Fujimori y los Donald Trump parecen acaparar la vida política de América, uno aprende a valorar aún más ese remanso tranquilo, esa interminable rambla junto al río mar, ese país vecino donde aún flamea la bandera de la patria grande y las utopías parecen alcanzables… mi querido Uruguay.