¿Lucha de clases? Sí, por favor. ALCA diez años después.

16.11.15

¿Lucha de clases? Sí, por favor. ALCA diez años después.

Escrito especialmente para Todoamerica.info, Rodrigo Pascual pone en discusión -y nos invita a debatir- algunas de las causas del fracaso del ALCA, que considera como “mitos”. Sobre ellos recupera algunas de sus certezas pero observa también sus limitaciones, como también el uso de los mismos como causas únicas y excluyente de las otras para explicar el No al ALCA. 

Hablar del ALCA diez años después de su detención lleva a pensar los motivos de su fracaso y los mitos que se constituyeron entorno a él.

El tema es relevante porque a pesar de los múltiples TLC’s que Estados Unidos firmó con los países de la región y de los acuerdos con los países que dan al Océano Pacífico, el ALCA tal y cómo había sido proyectado en sus tres borradores no fue concretado.

 ¿Cuáles han sido aquellos mitos que se constituyeron a partir de su fracaso?

 1) El primero mito sobre el fracaso del ALCA refiere a la emergencia de gobiernos progresistas con programas contrarios al tratado.

Esto es una verdad a medias que se construyó retroactivamente; es decir, una vez que fracasaron las negociaciones. Tomando a cuatro gobiernos representativos de aquella "ola de gobiernos progresistas" (Lula de Brasil, Kirchner de Argentina, Tabaré Vázquez de Uruguay y Chávez de Venezuela) se observa que el enfrentamiento al ALCA, durante el momento sustantivo de sus negociaciones (2003- 2004), sólo provino de dos gobiernos: el de Chávez y el de Lula. El primero mantuvo una posición de rechazo de carácter ideológico. El segundo continuaba la política exterior del presidente Cardoso, la novedad fue el apoyo que recibió de movimientos sociales y centrales sindicales.

El gobierno de Kirchner, en cambio, mantuvo una posición conciliadora que apuntaba a que el ALCA se firmara. Incluso mayo de 2005 generar un acercamiento con Estados Unidos.

El gobierno de Tabaré Vázquez tuvo posiciones directamente favorables al ALCA, más aún llegó a barajar la posibilidad de firmar aun TLC con Estados Unidos.

Esto es indicativo que la posición pública de los gobiernos de noviembre de 2005 no puede comprenderse sino como un proceso que excede "ideología" de los gobiernos.

Sin embargo, el mayor efecto de rechazo del ALCA, desde estos gobiernos progresistas, provino de Argentina y Brasil cuando en enero de 2004 cuestionaron el núcleo del acuerdo: la protección de las inversiones.

 2) El segundo mito se mantiene en el polo opuesto de este. Explica al fracaso del ALCA por la lucha de los movimientos sociales organizados en su contra.

Acá hay un problema de escala y mediaciones. De escala en el sentido en que si se pone a estas redes sociales organizadas contra el ALCA y se las ve junto a las movilizaciones sociales que derribaron a los gobiernos neoliberales de la región, lo primero que surge es que el tema del ALCA no era una demanda principal de aquellas movilizaciones. Los sectores movilizados contra el Tratado fueron más bien minoritarios.

Puede decirse que esas organizaciones contra el ALCA fueron una especie de vanguardia en lo relativo a los temas de política exterior en las luchas contra el neoliberalismo. Pero la capacidad de estas organizaciones de irradiar sobre el conjunto de la sociedad fue más bien mínima. Esto implicó que su incidencia en materia de política exterior también lo fue. Ver la composición de las Cancillerías y los negociadores del acuerdo es indicativo de ello.

Sin embargo, estos sectores sociales no dejaron de cumplir un papel relevante en la deslegitimación del Tratado y en la generación de conocimiento sobre sus posibles efectos negativos sobre todos los países del continente.

 3) El tercer mito versa así: el ALCA no se firmó porque en 2005 Estados Unidos estaba ocapado y empantanado en la guerra de Irak. El cuál, paradójicamente, viene de la mano del mito que manifiesta que el ALCA es producto del imperialismo "yanki".

Esto no sólo falta a la verdad ya que Estados Unidos intentó llevar a términos las negociaciones hasta por lo menos febrero de 2004, sino que además entra en abierta contradicción con la idea de que el ALCA era un proyecto imperialista lanzado y promovido por Estados Unidos. Ni una cosa ni la otra fueron ciertas.

Estados Unidos como cualquier estado no tiene un conjunto reducido de personas que hacen que su burocracia y sus funciones como estado funcionen. Como todo estado no se ocupa de un solo tema. Las agencias estatales son múltiples y los temas comerciales no son abordados por las mismas burocracias que los temas de defensa.

La otra cuestión, Estados Unidos como país que promovió el ALCA por intereses imperialistas pierde de vista las propias resistencias internas al ALCA que hubo en Estados Unidos. Esto, ciertamente, va en consonancia con la idea de un estado como una cosa monolítica. Pero pierde de vista el carácter de clase de todos los estados capitalistas y los antagonismos que los atraviesan.

Este mito, en efecto, entra en colisión con los dos anteriores. Aunque, al mismo tiempo es tributario de la idea subjetivista que aparece en aquellos: el ALCA en definitiva no se firmó porque así lo decidieron los gobiernos, así lo impusieron las movilizaciones, o así lo dispuso el gobierno de Estados Unidos.

 4) El último mito es que el ALCA no se firmó por los desacuerdos en entre las distintas fracciones de la burguesía en el continente, lo que implicó que el ALCA se habría impedido por el desacuerdo entre aquellas.

En este caso también es una verdad a medias ya que a pesar de esos desacuerdos hubo diversas propuestas de negociación para que los sectores afectados ingresaran al ALCA en otros momentos y con diversa intensidad. En este caso, el mito se constituye dejando a un lado las luchas sociales y la complejidad que tiene la formación de políticas públicas en las que nunca son resultado directo de las posiciones de la burguesía. 

Insisto en que lo paradójico es todos los que recurren a estos "mitos" utilizan a alguno de los otros a modo de argumento ad hoc, pero no toman en cuenta que se anulan entre sí.

Diez años después es necesario insistir con que el ALCA no se firmó y eso se debió a las luchas sociales contra el neoliberalismo que dieron lugar a un desplazamiento en las correlaciones de fuerzas entre las clases fundamentales. Así se puso un límite a la disciplina de mercado propia de las políticas neoliberales que estaban contenidas en el Tratado.

El No al ALCA fue, pues, resultado del desarrollo de la lucha de clases que se manifestó a nivel de posiciones de gobierno, de desacuerdos entre las fracciones de la burguesía, y que dio lugar a la emergencia de organizaciones sociales cuya demanda central era el No al ALCA.