¡A los violentos, nunca más!

18.10.16

¡A los violentos, nunca más!

El fantasma de la violencia armada que se creía por fin exorcizado, vuelve a pasear por Colombia con libertad consentida. No bastaron 52 años de una mortal guerra cuyas víctimas predilectas siemprefueron los más necesitados; aquellos que viven lejos de las grandes ciudades, esos que sufrieron una y otra vez los embates de la sevicia y del poder mientras, con indiferencia, sus líderes políticos elegidos y reelegidos democráticamente, se repartían sin sentimiento de culpa alguna el atiborrado botín de la guerra. Esos mismos que luego de las elecciones del 2 de octubre se están preguntando por qué deben mendigarle a Colombia el derecho de vivir en paz, sin que nadie los masacre por cultivar una u otra cosa o por andar por uno u otro sendero de sus propias tierras. Esos a los que convirtieron desde hace mucho tiempo en comodines políticos y peones de un sangriento juego ajedrezado en el que los reyes y reinas de todos los bandos suelen resultar ganadores mientras los otros, los de a pie, son derribados uno a uno bajo la mirada cómplice, amiguera y compinche de sus múltiples verdugos amangualados en bandos más próximos de lo que se ve y cree.

Del otro lado está el silencio, el miedo, el caos. Difiero con aquellos sabios del posapocalipsis que suelen tener todas las respuestas después de que suceden las hecatombes y no antes tal como sería lo adecuado: culpan de la herida mortal asestada a la paz, con seguridad de sabios alquitranados en un sofá, al exceso de confianza, al poder de los medios de comunicación a favor del No, a las encuestas triunfalistas, a la falta de estrategia oficial, al ultraconservadurismo, a la lluvia, a Uribe, al asecho del castrochavismo, a la luna llena, al feng shui, a que Santos no se puso ese día sus calzones de la buena suerte; sus opiniones dan para todo y para todos y seguramente muchas de ellas son acertadas lo que evidenciaría la complejidad de la situación.

 

También han dicho y he aquí en lo que más difiero, que los abstencionistas son los directos culpables de la crisis actual.Ven en el abstencionismo al “cementerio de la democracia” y en los  abstencionistas a apátridas e irresponsables sin consciencia cuya cómoda decisión de hacerse a un lado dio vía libre a los abanderados de la renegociación, como si el no ejercer el derecho al voto no fuese también un derecho en sí mismo y no estuviese expresando a gritos y desde hace más de medio siglo que algo anda mal con el sistema democrático, que algo anda mal con las instituciones, que algo anda mal con el sistema representativo, que algo anda mal con los políticos, sus formas y sus métodos tradicionales, que muchas cosas andan mal a tal punto que un gran porcentaje de la población ha decidido, de manera más que consciente y reflexiva, hacerse a un lado para no participar del vergonzoso circo de un sistema que facilita e impulsa la renovación de los verdugos y la perpetuación de los métodos que garantizan su sostenimiento.

 

¿Qué habría pasado si los resultados del 2 de octubre hubiesen sido a favor del sí en iguales proporciones? ¿Estaríamos felices pero divididos? ¿Acaso no sería motivo de alarma tener un país bipolar y abstencionista pero con una paz “duradera” al menos por el poco tiempo en que los antagonismos se hicieran más que evidentes?

 

Dejar escapar la gran oportunidad de vivir en paz en un país que durante sus doscientos años de historia siempre vivió en Guerra es una estocada a la esperanza de todos los que soñamos con ver y vivir sin el estigma de los violentos. Perder duele pero ganar a medias tintas también habría sido problemático y doloroso. El propósito de la paz trasciende a los intereses de cualquier gobierno y de ser objeto de votación debería ganar con contundencia, sin titubeos, sin  descomunales abstenciones ni lunares que puedan poner en duda su gigantesca relevancia.

 

El de ahora no es un buen panorama para la Colombia amarga. Los fantasmas de la Guerra y de los señores de la Guerra asechan lo construido durante más de 4 años de trabajo serio y comprometido. Hay muchos buitres de corbata que se alimentan de la muerte y ahora más que nunca están dando vueltas sobre los cielos del país cafetero aguardando con ansias la caída del moribundo. La medicina será el diálogo y la incorporación de todos los sectores de la sociedad incluidos, por supuesto, los abstencionistas cuyo hartazgo debe ser interpretado, analizado y transformado en espacio hacia la construcción de nuevas alternativas que nos cobijen a todos y con las que todos se sientan involucrados e imbuidos.

 

Hoy, la paloma de la paz que parecía por fin posarse sobre Colombia y sus colombianos ha mutado a un gran cuervo hórrido, vetusto, amenazador y dañino que enterró sus garras en el busto no de Palas sino de la paz. Habrá entonces que cerrarle las ventanas a este hórrido cuervo de  violencia y muerte y gritarle a una sola voz popular en su ponzoñoso pico un fuerte, vigoroso y contundente ¡NUNCA MÁS!

 

Giovanny Daza, Periodista. Investigador IIGG-CLACSO, Argentina

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