Elecciones departamentales y municipales de 2015: los límites del masismo

10.04.15

Elecciones departamentales y municipales de 2015: los límites del masismo

El recuento final confirma al MAS como el único partido con proyección nacional, al mismo tiempo que advierte sobre los límites de su construcción. Duro revés electoral para el oficialismo en sus dos principales bastiones: El Alto y la gobernación de La Paz. 

El escrutinio de las elecciones departamentales y municipales realizadas en Bolivia durante el pasado 29 de marzo arrojó los siguientes resultados: de los nueve departamentos, el MAS obtuvo la mayoría en el otrora integrante de la medialuna opositora, Pando; además de sus tradicionales bastiones, Potosí, Cochabamba y Oruro. Por otra parte, en Chuquisaca, Beni y Tarija habrá segunda vuelta, mientras las oposiciones se impusieron en los territorios con más habitantes: Santa Cruz y La Paz. En cuanto a las capitales departamentales, el partido gobernante solo triunfó en las de Oruro y Sucre, perdiendo el resto en manos de las distintas fuerzas opositoras.

De esta manera, después de haber triunfado en ocho de los nueve departamentos en las pasadas elecciones presidenciales, este resultado podría verse como un preocupante retroceso de la fuerza gobernante. El involucramiento personal del presidente Evo Morales, quien tuvo al menos cincuenta y tres apariciones públicas con candidatos del oficialismo en las últimas dos semanas de proselitismo, además de participar en todos los cierres de campaña, expone la dependencia que existe sobre su figura al mismo tiempo que las dificultades de traducir su liderazgo a los referentes locales.

A pesar de estas observaciones, ya en las elecciones departamentales del año 2010 el MAS había sufrido derrotas departamentales. ¿Cuáles son las novedades que aportan estas elecciones bajo el actual proceso?

Fundamentalmente, la pérdida del departamento de La Paz y de la ciudad de El Alto, el segundo distrito más poblado del país y epicentro de las luchas antineoliberales que catapultaron al actual presidente al poder. Con una gestión sobre la que pesan acusaciones de corrupción y prebendalismo, el actual intendente del tradicional bastión masista, Edgar Patana, perdió las elecciones ante Soledad Chapetón, joven dirigente de la Unidad Nacional (el partido de Doria Medina, empresario que salió segundo en las elecciones presidenciales).

En lo simbólico, es un fuerte golpe para el MAS, que también perdió las departamentales frente a un ex aliado, Felix Patzi, ministro de Educación durante el primer gobierno de Evo y quien fuera relevado de la candidatura a gobernador en las pasadas elecciones por conducir en estado de ebriedad, en un resonante episodio que tuvo no pocos impactos en las filas internas del partido. La resistencia en buena parte de las bases masistas a la elección de una candidata mujer, Felipa Huanca, referente de Las Bartolinas, sumada a las denuncias de corrupción en relación a los manejos del Fondo Indígena, esmeriló sus posibilidades y catapultó a Patzi a la gobernación del bastión más importante del MAS.

La reciente autocrítica del presidente, quien reconoce un voto castigo en relación a los actos de corrupción en donde estuvo involucrada la candidata que él mismo eligió, señala los límites de la construcción política del MAS, que más que una correa de transmisión de la vitalidad de los movimientos sociales, termina muchas veces condicionando su destino a la decisión de su máximo líder.

El partido gobernante sigue siendo el único que tiene presencia e implantación nacional. Las múltiples oposiciones todavía siguen asentándose en sus territorios, sin lograr conformar ni un liderazgo ni un proyecto estatal de poder alternativo al actual. No obstante, estas debilidades en las construcciones de liderazgos locales no dejan de ser un llamado de atención para el MAS teniendo en cuenta que, salvo que se modifique la actual Constitución, ni el presidente ni su vice pueden presentarse a otra reelección. En Bolivia, a pesar de la declamada fortaleza de los movimientos sociales que apoyan al presidente, el evismo sigue triunfando sobre el masismo.