El camino de Honduras

19.08.15

El camino de Honduras

La situación sociopolítica de Honduras, en los últimos años, está marcada por una serie de conflictos que evidencian los particularidades de la región . El presente Dossier, elaborado por Pablo Vommaro para Todoamérica.info, contribuye a visibilizar estos conflictos y reflexionar sobre ellos. 

Desde hace varios meses dos países del llamado triángulo norte de Centroamérica –Honduras y Guatemala- están viviendo una coyuntura de crecimiento del conflicto social y político y de masivas movilizaciones callejeras que manifiestan el rechazo a sus actuales gobiernos.

Sin dudas, esto es expresión de un proceso de acumulación de conflictos por diferentes temas y con diversos grupos movilizados y de experiencias de luchas pasadas. El conflicto armado abierto que en Guatemala causó más de 100.000 muertos y se extendió hasta los acuerdos de paz de diciembre de 1996[i], tuvo características menos visibles en Honduras, país que sirvió de plataforma para el accionar de los contras en Nicaragua. En ambos casos, continúa haciendo sentir sus ecos y resonancias que marcaron a sangre y fuego las dos  sociedades.

En Honduras, la actual situación encuentra también un hito bisagra que abre un proceso de luchas y movilizaciones: el golpe de estado de junio de 2009, nunca reconocido oficialmente como tal y paulatinamente tolerado por los gobiernos latinoamericanos que lo repudiaron inicialmente. En efecto, Honduras vivió un golpe de estado hace tan solo seis años, cuando se obligó a dejar el país a Manuel Mel Zelaya, presidente que había sido electo por el voto popular tres años antes. Esto abrió un período de aumento de las luchas sociales, impulsadas desde la organización conocida como Resistencia, que se nucleó en el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP). La violenta situación política continuó, ya que en noviembre de 2009 el gobierno de facto hondureño llamó a elecciones para intentar legitimar su poder. En estas elecciones se impuso Porfirio Lobo, del Partido Nacional, por sobre el Partido Libre liderado por Zelaya, con denuncias de fraude aun no resueltas. Algo similar ocurrió en noviembre de 2013, cuando Juan Orlando Hernández (JOH) del Partido Nacional, se impuso a Xiomara Castro del Partido Libre en elecciones que también fueron sospechadas de fraudulentas.

Por diversos factores vinculados más que nada con la acumulación y superposición de conflictos no resueltos, represiones agravadas y sistemas políticos cada más cerrados y corruptos, la situación en ambos países se volvió intolerable y las movilizaciones que ocuparon calles y plazas se multiplicaron. En Guatemala estas manifestaciones y marchas expresaron un repudio cada vez más marcado no solo al gobierno actual, sino al sistema político en general. La izquierda clásica también cayó en la deslegitimación al no ser capaz de elaborar respuestas acordes con las movilizaciones y quedar, incluso, como cómplice del gobierno en algunas situaciones. Los pueblos indígenas fueron protagonistas importantes de este proceso.

Fruto de las movilizaciones y con denuncias de corrupción evidente, reconocida y judicializada incluso por la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), creada por la ONU en 2006 para combatir la corrupción en la Guatemala del posconflicto, la vicepresidenta se vio obligada a renunciar y tras ella cayeron también varios funcionarios de menor rango. Pero esto no calmó los reclamos populares sostenidos por diversos grupos entre los que resaltan los jóvenes, las mujeres y los indígenas. Es decir, sectores medios urbanos unidos a grupos rurales empobrecidos y oprimidos.

Respondiendo al slogan de uno de los candidatos a la presidencia más comprometido con el actual sistema político guatemalteco que decía “ahora me toca”[ii], los amplios grupos movilizados expresaron, primero, “no te toca” y luego profundizaron el rechazo manifestando “a nadie le toca”, frase que algunos estudiosos vinculan con el “que se vayan todos” de la Argentina en diciembre de 2001.

En Honduras la coyuntura de movilización social es similar, aunque podríamos decir que es aun más masiva y radicalizada, con conflictos atomizados por todo el territorio que tienen expresiones urbanas y rurales. En el país más violento y uno de los más desiguales de América Latina, una denuncia periodística de corrupción que involucraba al actual presidente Juan Orlando Hernández (conocido como JOH) desató una ola de manifestaciones y protestas populares que continúa y sigue creciendo. Esto alimentó también un ciclo de movilizaciones y auge del conflicto social que se venía gestando desde sectores como los estudiantes universitarios de la UNAH, los campesinos que luchan por tierras y los integrantes del FNRP y el Partido Libre, que consolidaron su organización luego de 2009.

Es del proceso hondureño que se ocupa este Dossier, que contiene tres artículos producidos por investigadores y militantes que de alguna u otra manera viven de cerca el conflicto y las movilizaciones en este país. En primer lugar, un texto de Marlon Ochoa, joven hondureño, estudiante universitario e integrante del Partido Libre. Luego, una entrevista a la reconocida socióloga hondureña Leticia Salomón, investigadora, profesora y funcionaria de la UNAH. Por último, un artículo de Luis Bonilla, joven salvadoreño que trabaja en la organización Techo y que tuvo una estadía en Honduras en junio pasado.

Es importante destacar que en el proceso hondureño las masivas movilizaciones consistentes sobre todo en marchas de antorchas y la deslegitimación del sistema político no produjo un “a nadie le toca” o “que se vayan todos”, sino que el repudio se focaliza en el presidente JOH, su gobierno y el Partido Nacional que integra. Esto se evidencia, por ejemplo, en el surgimiento de nuevas fuerzas políticas como el Partido Anticorrupción (PAC), que es la cuarta fuerza electoral casi empatando con el tradicional Partido Liberal. Asimismo, en el sostenido apoyo al Partido Libre que mantiene su capacidad de organización y movilización extendida por el territorio de Honduras.

Otra singularidad del caso hondureño es que el núcleo de jóvenes que impulsa las movilizaciones se autoidentifica como “indignados”, vinculando sus acciones con la oleada mundial de movimientos indignados con los políticos de turno en distintos países. Asimismo, los reclamos principales que continúan movilizando y aglutinando a sectores diversos son la salida del actual presidente (“fuera JOH”) y la instalación en Honduras de una Comisión Internacional contra la Impunidad, similar a la CICIG guatemalteca. El hartazgo ante la corrupción desembozada que hace aun más intolerable la situación de violencia, desigualdad y autoritarismo que vive Honduras hoy, hace que la pregunta generalizada que se formula en voz alta en las movilizaciones “cuál es la ruta?”, sea respondida con una frase contundente “sacar a este hijoeputa” seguida por un “fuera JOH”.

El gran protagonismo juvenil de las movilizaciones en ambos países, pero sobre todo en Honduras, puede sugerir que estos procesos podrían incluirse dentro de la oleada de movimientos y acciones públicas juveniles que crece en América Latina desde hace unos años.

Los dejamos entonces con los textos del dossier, que tiene su origen en la experiencia directa que vivimos los autores del mismo cuando nos encontramos en Tegucigalpa en una Escuela Internacional sobre Juventudes y desigualdades, que organizó el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) a fines de junio pasado.

 

Sumario:

1. Honduras: volcando el tablero político, por Marlon D. Ochoa

2. “En un país serio, el presidente habría renunciado por el financiamiento irregular de su campaña”, Entrevista a Leticia Salomón

3. En Centroamérica, ¿cuál es la ruta?, por Luis Bonilla

 

 

[i]Los acuerdos de paz fueron firmados entre la Unidad Nacional Revolucionaria Guatemalteca (URNG) y el Estado de Guatemala.

[ii]En Guatemala hay convocatoria para elecciones presidenciales en septiembre de 2015 y en este marco se está discutiendo una nueva ley electoral que permita cierta apertura del sistema político y dificulte las modalidades de compras de cargos que se difundieron en la política de este país. Uno de los reclamos de los sectores movilizados es que las elecciones se realicen una vez que la nueva ley electoral esté en vigencia.