Conciencia de paz

18.10.16

Conciencia de paz

Como egoístas puedo calificar las elecciones de este pasado domingo 2 de octubre en Colombia. Un sin sabor se sintió al conocer el resultado final del plebiscito, que buscaba dar el último paso hacia el fin del conflicto con un grupo armado que por más de medio siglo ha disputado sus ideologías en contra del gobierno, teniendo a la población civil como la más afectada.

Poco más de seis millones de ciudadanos acudimos a las urnas con el sueño de ver un mejor país, con la esperanza de que las condiciones sociales podrían mejorar y que se podía lograr, entre todos, una paz estable y duradera. Porque para llegar a la paz se debe trabajar entre todos, perdonando y olvidando rencores tanto con quienes consideramos nuestros enemigos, como con amigos, vecinos, compañeros de universidad, de trabajo, del barrio.

 

Pero el No ganó por una mínima diferencia la votación. El rencor y el desconocimiento jugaron un papel importante en esta derrota de la paz. Incluso se podría afirmar que la mala política movió sus fichas, a sus peones, tergiversó información y utilizó las redes sociales como estrategia para divulgar sus engaños y ganar. Así, no es extraño que semanas antes carteles e imágenes malintencionadas rodaran por las redes sociales, alimentando con odio a aquellos que podía estar aún indecisos. La mentira fue descarada y prevaleció el odio al perdón, el miedo a la esperanza. 

 

La manipulación que llevó a la ajustada victoria del No puede verse en los resultados regionales: en las zonas donde la guerra ha estado más fuerte y ha afectado la población de manera drástica, la apuesta fue por el SI con la esperanza de que todo un país sería comprensivo con su difícil situación y apoyarían la misma opción. Estas zonas están cansadas de décadas de guerra, de ver morir a sus hijos, padres, hermanos, de perder sus tierras, sus animales y herramientas de trabajo,  de ver como se derrumban sus casas en medio de bombardeos militares, de vivir diariamente en la angustia y la incertidumbre, de ver cómo los jóvenes migran abandonando estas regiones. Sus rostros poblados por el sufrimiento anhelaban la paz, el cese a este fuego, esa era su esperanza. Pero una vez más fueron olvidados por el resto de la sociedad.

 

Al contrario, los resultados muestran que las grandes ciudades –excepto Bogotá- votaron por el No, olvidándose egoístamente de las condiciones de vida de campesinos, indígenas, poblaciones vulnerables y las millones de víctimas de esta guerra que se empecina en no acabar.

 

Quiero en este texto expresar mi indignación y mi  repudio tanto ante quienes eligieron continuar con la violencia, alimentándose del mal ajeno, pensando solo en sí mismos y despreciando lo colectivo, como ante los que no concurrieron a votar, quizá por descontento, quizá por indiferencia o desinformación.

 

Y mi tristeza aumentó al día siguiente del plebiscito cuando observé como un grupo de personas se burlaba al ver como un hombre golpeaba de manera exagerada a su mujer sin importarle que estuviera embarazada. Más violencia naturalizada, celebrada. Pareciera que Colombia no mereciera la paz, que se empecinara en buscar la guerra y la injusticia. ¿Por qué en lugar de dar un último paso hacia la paz decidimos retroceder  como sociedad?

 

Sin embargo, estoy seguro de que aquí comienza un nuevo proceso que llevará muchos años. Es necesario ser paciente y trabajar en una educación para la paz enseñar desde cada espacio social, para mostrar que la convivencia es posible. Y creo que los jóvenes tenemos un rol fundamental en la construcción de una paz estable y duradera. Nos dimos cuenta con dureza que el camino no es fácil, pero también sabemos que si tenemos la iniciativa y perseveramos lograremos revertir esta situación y la igualdad y la justicia emergerán. Por eso, saldremos a las calles a pintar, a mostrar que se puede pensar y actuar distinto y que mientras la desigualdad y el odio gobiernen Colombia nada mejor nos espera. El trabajo comienza ahora, en cada calle, en cada universidad, en cada muro. Porque la construcción de un mejor futuro está en nuestras manos.

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